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EL CHISTE

"El Pensilvense" No. 15 - abril 26 de 2022

  • 1. Era tan tonto, tan tonto que vendió el televisor para comprarse un DVD.

  • 2. Era tan gafe, tan gafe que se sentó en un pajar y se pinchó con la aguja.

  • 3. Era tan bajito, tan bajito que, para bajarse de la acera, saltaba en paracaídas.

  • 4. Era un príncipe tan feo, tan feo que Cenicienta se fue del baile a las once y media.

  • 5. Era tan malo, tan malo que se daba miedo a sí mismo.

  • 6. Era un hombre tan bajito, tan bajito que la cabeza le olía a pies.

  • 7. Era un hombre con la boca tan pequeña que para decir tres, tenía que decir "uno, uno, uno".

  • 8. Era un hombre tan bajito, tan bajito que se sentaba en una canica y decía "¡el mundo es mío!". 

  • 9. Era un hombre tan delgado que para hacer sombra tenía que pasar dos veces.

  • 10. Era un hombre tan pequeño, tan pequeño, tan pequeño que, al pasar por una pastelería, se le hizo la boca agua y se ahogó. 


  • Fuente:

  • https://www.guiadelnino.com/juegos-y-fiestas/adivinanzas-chistes-trabalenguas/chistes-muy-divertidos-sobre-exageraciones

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EL CHISTE

"El Pensilvense" No. 14 - abril 19 de 2022

  • . El profe le pregunta a Jaimito:
    - Dime una palabra que empiece por D.
    - ¡Ayer!
    - Ayer no empieza por D.
    - ¿Cómo que no? Ayer era domingo.


  • 2. - Mamá, mamá, ¡en el cole he sacado un 10!
    - ¿Ah ,sí? ¿En qué asignatura?
    - Pues, un 3 en matemáticas, un 2 en lengua, un 3 en inglés y un 2 en gimnasia.

  • 3. Le pregunta la profe a Carlitos:
    - ¿Con qué mató David a Goliat?
    - Con una moto.
    - ¿Seguro, Carlitos? Recapacita, ¿no será con una honda?
    - ¡Ah! ¿Había que decir la marca también?

  • 4. Está una niña haciendo los deberes y le pregunta a su padre:
    - Papá, papá, ¿cómo se escribe campana?
    - Campana se escribe como suena.
    - Entonces, ¿escribo "talán talán"?

  • 5. Profe, ¿verdad que no se debe castigar a un niño por algo que no ha hecho?
    - Así, es Pablito.
    - Pues, yo no he hecho los deberes.

  • 6. Un día Jaimito llega a su casa y su mamá le pregunta:
    - ¿Cómo te fue en el colegio?
    Y Jaimito le responde:
    - Como en el Polo Norte, todo bajo cero.

  • 7. En la escuela, la señorita dice:
    - A ver, Luisito, ¿cómo te imaginas la escuela ideal?
    - ¡Cerrada, profe!

  • 8. ¿Cuál es el colmo de un profesor de matemáticas?
    - Equivocarse cada dos por tres.

  • 9. El hijo que le dice a su padre:
     - Papá, papá, tengo muy buenas noticias para ti. ¿Recuerdas que me prometiste cincuenta euros si aprobaba el curso? Pues alégrate, porque te los vas a ahorrar.

  • 10. Un libro de matemáticas está llorando en una esquina de un colegio, va un niño y le pregunta:
     - ¿Por qué lloras?
     - Es que tengo muchos problemas.

  • Fuente:

  • https://www.guiadelnino.com/juegos-y-fiestas/adivinanzas-chistes-trabalenguas/10-chistes-sobre-el-colegio-para-ninos

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EL CHISTE

"El Pensilvense" No. 13 - abril 12 de 2022

  • Un padre pastuso envía a su hijo a estudiar al extranjero y al paso del tiempo le escribe el siguiente telegrama: 
    – Hijo, te extraño mucho, pues, dime qué prefieres, ¿que yo vaya a visitarte o vienes tu a Pasto? 
    El hijo le responde: – Sí.
    El padre envía otro telegrama y le pregunta: ¿Si, qué? 
    El hijo vuelve a responder: – Sí señor.


  • Un pastuso le dice a otro:
    – Sembré unas matas de ahuyama y adivine qué salió. 
    – Pues ahuyamas.
    – No, unos marranos y se las comieron.


  • Un pastuso en el correo:
    – ¿Cuánto cuesta enviar una carta a Pasto, pues?
    – Vale mil pesos, señor.
    – ¿Y dos, pues?
    – Le valen dos mil.
    – ¿Y tres cartas? – ¡Señor, le valen tres mil pesos! 
    – Entonces me va a costar mucho mandarle el naipe a mi mamá.


  • ¿Qué hace un pastuso corriendo alrededor de una universidad? 
    – Una carrera universitaria.


  • Un pastuso le pregunta a otro:
    – ¿Quieres ser testigo de Jehová?
    – Pues no sé, porque yo ni siquiera vi el accidente.


  • Un señor le dice a un pastuso:
    – Le vendo un caballo. 
    Y el pastuso le responde: – ¿Y yo para qué quiero un caballo vendado?


  • Un pastuso llega a un restaurante y el mesero le pregunta: 
    – Señor, ¿Vino de la casa?
    Y el pastuso le responde: – No, del trabajo.


  • Un pastuso le muestra un reloj que le enviaron ‘de fuera’ a un amigo:
    – ¡Mira qué reloj me mandó mi primo! da la hora, los minutos, los segundos, la fecha, es alarma, cronómetro y tiene luces.
    – ¡Huy qué reloj! le dice el amigo asombrado. 
    – Y eso, que mi primo me dijo que me podía bañar con él… pero no le he encontrado el botón para que le salga agua.


  • Después de un terremoto un amigo pastuso se encuentra con otro y le pregunta:
    – ¿Sufrió mucho tu casa?
    – No, se cayó inmediatamente.


  • Un Pastuso compró un carro verde y lo puso a madurar. 

Fuente: https://locombianos.com/locombianadas/chistes/chistes-de-pastusos/

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EL CHISTE

"El Pensilvense" No. 11 - marzo 29 de 2022

TRES NÁUFRAGOS

Tres costeños náufragos están perdidos en el mar y encuentran una lámpara mágica y aparece un genio que les dice:
- Les concedo tres deseos.
Un naufrago dice:
- Deseo volver a mi casa.
El segundo náufrago dice:
- Deseo volver a ver a mis hijos y a mi esposa.
El tercer náufrago dice:
- Echee... deseo que mis amigos vuelvan acá.


SEDUCTOR

Un caleño que se considera el mejor seductor del mundo entra a un bar en Juanchito y se sienta al lado de una atractiva rubia. El tipo sonríe y la saluda, mientras mira su reloj. Ella le dice:
- Parece preocupado por la hora, ¿está esperando a alguien?
- No. Simplemente estaba probando el reloj que acabo de comprar, que es el más moderno que existe.
- ¿El más moderno?. ¿Y qué tiene de especial?
- Utiliza ondas de radio para comunicarse con mi mente. Como si fuera telepatía.
- ¿Ah, sí?. ¿Y qué le está diciendo?.
- Me dice que tú no llevas ropa interior.
- Pues su reloj no sirve, porque sí tengo ropa interior.
- ¡Vaya!. Entonces, debe estar adelantado una hora.


INCENDIO

Dos cachacos trabajadores de la construcción estaban haciendo un asado cuando uno de ellos se empezó a quemar. El otro se quitó la chaqueta y empezó a pegarle con ella para apagarlo. El que se estaba quemando decía:
- Déjeme quemar, déjeme quemar.
- ¿Por qué, si estoy tratando de salvarlo?.
- ¡Déjeme quemar o saque el martillo de la chaqueta!.


LA VACA

Un pastuso llega a los Estados Unidos, y se encuentra una vaca y le dice:
- Hola, yo soy de Pasto.
Y fue la vaca y se lo comió.

Fuente: 19 chistes colombianos

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EL CHISTE

"El Pensilvense" No. 10 - marzo 22 de 2022


Texto publicado por www.ogil.info Etiquetas: ¡Pa' qué más...!

Un padre de familia envió a su hijo al banco, con el dinero exacto para que pagara las cuentas por los servicios de teléfono y de agua. Era el día límite de pago para evitar el corte de rigor, y también era el único dinero que tenía la familia para ese mes; pero… el pago era inaplazable. El muchacho iba por la calle, cuando de repente vio un letrero que decía: “¡Espectacular rifa! Compre su boleta y participe en el sorteo de dos camionetas Pick-up, cero kilómetros”.

El chico pensó: “Yo me podría ganar esas dos camionetas, y saldríamos de problemas”.

Sin dudarlo más, utilizó el dinero de los recibos, y compró varias boletas. No dijo nada al llegar a casa, y se acostó a dormir.

Al día siguiente el papá se levantó preocupadísimo por las cuentas pendientes, y le preguntó al hijo si había pagado los servicios; para los que con mucho trabajo había logrado reunir el dinero.

El muchacho le confesó que utilizó el dinero para comprar boletas para una rifa; pero, le dijo que no se preocupara... que en dos días, seguro, serían los propietarios de dos camionetas nuevecitas.

El papá se convirtió en una fiera. Se puso como un loco: gritó, brincó, y se lamentó porque aquel dinero era prestado y lo único que le quedaba para pagar esos recibos. Optó por calmarse, y hasta abrigó la esperanza de ganarse las dos camionetas. La casa quedó en un triste silencio, y todos a la expectativa.

Pasaron los dos días, y el sorteo. Al despertarse la familia y salir a la calle, ¡oh…, tremenda sorpresa!: frente a su casa estaban estacionadas dos lujosas camionetas. Todos, incrédulos, quedaron atónitos ante la realidad, se abrazaron, y –no pudiendo aguantar más– rompieron en llanto.

Sí. ¡Ahí estaban estacionadas las dos camionetas!: una de la telefónica y otra del acueducto… ¡habían llegado a cortarles el teléfono y el agua!

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EL CUENTO

"El Pensilvense" No. 8 - marzo 8 de 2022


LA MONTAÑA EMBRUJADA

Juan Esteban Campuzano

Hace mucho tiempo existía una montaña llamada morrón se decía que estaba embrujada por indígenas que protegían tesoros antiguos, un grupo de exploradores que decidieron ir al lugar para afirmar si era real, cuando llegaron, lo primero que hicieron fue armar los campamentos para pasar la noche, cuando la luna dominó se acostaron a dormir justamente a las 3:38 apareció una sombra, en una carpa cuando salieron a ver que era, no había nada solo un rasgón en la carpa se asustaron mucho se sentían desprotegidos con el rasgón del campamento tenían miedo, pedro y pepe solo quedaban 8 personas cada vez aumentaban las veces que asustaban más, el jefe Max .dijo que no se rendiría hasta ganar lo prometido a su padre sería un buen jefe cuando fue a una cueva encontrada en el más hondo de la selva cuando entro vio una piedra brillante y un espíritu protegiéndola él pensó distraerlo y cogerla, era muy valioso era verde como un rubí brillante como un diamante soy un jefe repetía tantas veces cuando fue tiró una piedra en la izquierda de la caverna fue a toda velocidad la cogió fue corriendo hasta el campamento les dijo vámonos de aquí, dejaron todas las cosas, el jefe se calló perdiendo la piedra se asustó mucho, el fantasma lo alcanzó corriendo como nunca por el cristal no lo dejaría así de fácil un cristal tan brillante de color rojo todos estaban cayendo por un hueco. Max callo en un árbol el resto en el pastal tenían que correr como nunca si querían vivir, llegaron al pueblo, el jefe les dijo amigos cuando llegaron al pueblo dijeron lo logramos pero no sabían que había algo los persiguió hasta allá cuando se acostaron en el motel para recuperar las horas que no durmieron había algo en la cocina que decía devuelvan lo mío si quieren vivir, se tapó para no verlo, se fue tenía miedo de que el muriera por un espíritu que haría es lo que pensaba, al día siguiente le dijo a sus trabajadores que el propósito de hoy es cuidar la piedra no dejaría que un fantasma le quitara una piedra que vale millones, tenía miedo pero confiaba en su equipo era bueno para cuidar cosas, se fue para comprar cosas para comer, tenía mucha hambre compró papas para comer junto unas 5 hamburguesas y dos para comer, estaba muy feliz de haber comprado lo que más le gusta, pero se olvidó del cristal fue lo más rápido a ver que paso todos estaban heridos había una carta que decía, te lo advertí muchas veces y no obedeciste esto es lo que te pasa por no hacer lo que te dije, pero mira robaste al que no debías, no recuperas la piedra nunca vete a tu casa y nunca vuelvas si quieres seguir vivo, llévate a todos tus amigos chao, cuando se fueron la montaña se movió él dijo volveré, pero sus amigos, estás loco, claro que no escuchaste si volvemos nos mataría, no vayan si iré, así sea sin ustedes, no dejaré que nos humille un fantasma, cuando él fue algo le decía volviste por el diamante, no lo conseguirás tan fácil cogerlo, nunca te rindes, como lo haces dame el cristal y te dejo en paz, no te lo daré y me dejaras en paz de todas maneras, no respondió, okey nos vemos, espera tengo que hablar contigo nos veremos mañana, al día siguiente cuando fue llevado a todos sus amigos para que le ayudarán a atraparlo hicieron muchas trampas con redes hicieron tantas cosas que no se lograría escapar lo atraparon para que el jefe de la compañía les diera dinero para comprar carros para cada uno, pasaron 2 horas y no venía nadie él se empezó asustar sentía que alguien lo miraba, mejor se iba,fue de malas que cayó en una de las trampas, en ese momento llegó el fantasma, él cogió la navaja para cortar la cuerda pero era muy gruesa, sus amigos lo ayudaron el lanzó la candela a la fogata para quemarlo cuando lo hizo él se corrió sus amigos con las trampas obtuvieron la espada del museo, lo intentaron atraparlo, pero no fueron capaces era muy poderoso entonces usaron todo lo que podían para atraparlo pero se cayó el rubí el amigo pepe cogió el rubí se fue corriendo hacia el pueblo, se daría cuenta de que empezó la pelea contra el fantasma pero no todos ayudarían porque creían que estaban locos, pero pronto lo verían que no mentían sólo quería advertirles que sería el fin del pueblo, se preparaban para una batalla trajo un ejército, el fantasma se preparaban para la guerra todos corrieron con el rubí por eso peleaban cuando se acercaron, todos lanzaron piedras con espinas gasolina con juego para que se encendieran el piso para que no entraran al pueblo, el resto se unió en entonces para no perder, todos se unieron para ayudar, cuando se unieron se sorprendieron eran muchos pero juntos eran invencibles, juntos fueron a pelear pero no eran suficientes, eran más que ellos entonces fue al otro lugar la guerra apenas empezaba, entonces llegaron los soldados de morrón pero los que eran buenos iban más bien que nunca, algunos estaban heridos otros muertos pero dijeron fue un placer estar luchando con ustedes okey la guerra.
Era incansable pero juntos todo era posible cuando pasaron más de 2 horas en la pelea pero quedaban 359 los otros tenían 854 tenían ventaja porque tenían armas muy potentemente poderosas pero sólo había 21 eran metralletas, el resto revólver pero iban a perder pero no se rendirán tenían de todo pero el fantasma tenía armas láser para matar a la gente las casas se incendiaron con la arma láser un soldado tiró la granada la arma se dañó pero el fantasma lo asesinó todos fueron por qué el que estaba muerto era Max todos fueron al lugar a matar al fantasma, él cogió lo que trajo la guerra el cristal pero él dijo no luchare por algo que no me merezco y murió, todos lo extrañaron mucho ,así termina la historia triste pero casi ganada.
Fin.

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EL CUENTO

"El Pensilvense" No. 7 - marzo 1 de 2022


EL DESCUBRIMIENTO DE CALDAS

Leidy Johana Penagos Ramírez

GRADO: 5o

INSTITUCIÓN EDUCATIVA PENSILVANIA

PENSILVANIA CALDAS

Parte 1

Érase una vez unas personas que querían descubrir lugares nuevos en Colombia, fueron viajando hasta que encontraron un lugar desconocido que tenía muchos animales que se habían extinguido hace mucho tiempo, también encontraron plantas muy lindas y exóticas y pensaron lo podemos llamar Caldas y así fue. Un día se les ocurrió convertirlo en un sitio turístico en el cual pudieran observar los animales y plantas y así fue. La gente empezó a llegar y a tomar fotos. Unas personas vieron el lugar y les pareció un lugar muy bueno y bonito y empezaron a hacer casas, la gente ya se estaba mudando para las casas nuevas. Las casas ya se estaban convirtiendo en municipios los municipios eran: Viterbo, San José, Risaralda, Chinchiná, Palestina, Villa María, Manizales, Aránzazu, filadelfia, Salamina, Pacora, Aguadas, La Merced, Rio Sucio, Marulanda, Manzanares, Victoria, La Dorada, Samaná, Pensilvania y muchos municipios más de Caldas.



Parte 2

La fauna y flora de Caldas estaba en peligro de extinción. La gente cuidaba las plantas y los animales. Tiempo después la fauna y flora de Caldas se había salvado de ser especies en peligro de extinción. Los Caldenses ya tenían muchas mascotas para cuidarlas y quererlas. En Caldas estaban haciendo unos concursos para niños y niñas de belleza, modelaje, dibujo, rapidez, inteligencia, cocina, peluquería, lectura y cuento, ya se tenían los ganadores y el ganador era el que tenía más respuestas correctas y se ganaba un computador portátil el segundo con más respuestas correctas y el tercero se ganaba unos útiles escolares.

Ya se estaban escogiendo los candidatos para la gobernación, asamblea, alcaldía y consejo. En caldas hubo un terremoto la mayoría de los municipios resultaron afectados menos Pensilvania, Manizales, Samaná, Salamina y Villa María.



Parte 3

Los municipios afectados se les derrumbaron todas las casas y se inundaron los municipios. Tiempo después las casas se estaban construyendo y se realizaron unos arreglos en los municipios y ya habían arreglado y la gente ya podía venirse a vivir en las casas nuevas, los municipios y estaban llenos de gente otra vez. El presidente se había dado cuenta del departamento tan maravilloso y lo declararon l mejor departamento de Colombia, la gente supo del departamento tan maravilloso y se empezó a mudar al departamento de Caldas y fue el departamento más poblado de Colombia y gano muchos premios más. Como Caldas había tenido tantos recuerdos lo declararon el mejor departamento de América.


Fuente: Piedramaní

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EL CUENTO

"El Pensilvense" No. 6 - febrero 22 de 2022


E L  C A N A R I O  D E  L A  C A S A  D E  L A  E S Q U I N A

Alonso Aristizábal Escobar

Luzmila vivía de lo que pagaba uno que otro cliente que se alojaba allí. Y el de esta vez, venía con el cansancio del atardecer. Sudoroso y casi descalzo, parecía caminar por un pedazo de ilusión que le quedaba. Este preguntó algo en el café de la cuadra y le hablaron del canario de la casa de la esquina que a esa hora estaba en la ventana con sus bellos silbidos. No tuvo que llamar a la puerta. Ella también sabía que los viajeros de lejos llegan en las horas de la mañana, después de haber viajado una o varias noches largas como luego de recorrer el mundo entero. Por eso lo vio venir y se apresuró a abrirle; podía olfatear la llegada de sus huéspedes como en los hoteles más reconocidos.
-¡Buenas tardes!- dijo como sin hablar, la lengua le pesaba igual que una piedra.
-¡Voy a quedarme varios días!- agregó más insistiendo en callarse.
-¡Siga!- le respondió la mujer y lo condujo al cuarto oscuro del fondo. De paso por el corredor, Bertulfo se detuvo en la ventana a admirar el canario y lo oyó cantar igual que en un amanecer. En este instante, respiró cierto sosiego y sintió ganas de cerrar los ojos y dormirse de una vez. Descargó la maleta en la pieza, se sentó un momento en la cama y después salió al corredor para tomar lo que ya le ofrecía ella. El jugo estaba amargo pero descendió por su esófago con la frescura de agua clara que de momento parece cambiarnos la vida. El canario cantaba de nuevo, quizá llamándolo; su eco giraba por los rincones de la casa y se iba afuera por la enrejada ventana de vidrio. Entonces miró hacia el balcón donde permanecía la jaula y la dueña lo condujo hacia allá con el propósito de seguirle mostrando la casa. Ahora él sonreía tratando de que el canario le picoteara el dedo para verificar su familiaridad, tenía la sensación de ver un animal como de ensueño que siempre había estado en muchos momentos de su vida. Desde allí se dominaba el aire de la mañana, y deseó que en adelante su vida fuera así, a través de esa reja, llena de tranquilidad, como después de los deberes del día, para no rodar más que había sido el hecho común para él hasta entonces.
-¿Le gusta?- interrogó Luzmila para concluir apartándose y permitirle ver el panorama completo de la casa y de la calle en cuyo final se divisaban dos árboles de grueso tronco y de cerrado follaje de donde venía en torrentes la noche. Allí se quedó casi delirando hasta cuando llegó la hora de acostarse.
A la ventana con la jaula del canario de por medio, debió volver a la tarde siguiente y durante muchas tardes más, desesperado de aguardar muchas mañanas tras las puertas el sí de un trabajo. Agotado de andar y escuchar voces despectivas, con la pesadumbre en los hombros, se quedaba de pie chupándose los dientes y rascándose la cabeza. No se apartaba de aquel sitio para no perder de vista la calle entre la niebla y los árboles y dejar que la música del canario dulcificara sus horas.
-¡Acuéstese para que descanse, usted se va a dormir ahí parado!- decía ella desde el corredor al verlo en medio de cabeceos de sonámbulo. Luzmila sentía lástima por él aunque se cuidara de expresarle tales sentimientos. El mismo día que le pareció desesperanzado como detenido ante una puerta sorda, quiso ayudarlo. Una semana después pensó además que convendría darle un vestido nuevo para que no se presentara tan mal trajeado a pedir empleo. Caviló varias veces y al fin entre un insomnio se dijo como gritándoselo:
-¡Le doy para que se compre un vestido y me paga doscientos semanales!
-¡Bueno, pero cuando me coloque!- respondió desvariando.
-El día que consiga puesto también voy a ofrecerle dinero por el canario.
-¡Veo que le ha cogido cariño al pájaro!
-Me da para el alpiste y haga de cuenta que es suyo.
Llevaba tres meses husmeando la ciudad entera y enfrentando cada calle en un combate de todas sus fuerzas; ya se conocía los mayores recovecos, decía, y tampoco se alejaba de la ventana porque ya era una forma de consuelo. Se trataba del único lugar que había para él en el mundo. Ante esto, la mujer recurrió a un antiguo cliente para que le ayudara con su recomendación en un banco. Y ella debió ratificar por escrito que lo conocía hace mucho para que le dieran el trabajo de cajero. A los pocos días lo llamaron a trabajar. Luzmila celebró con mucha alegría el hecho, y el canario hizo lo mismo, porque esa vez en forma extraña este cantó hasta muy entrada la noche como haciendo parte de una fiesta interminable.
-Pásese a dormir a la sala -insinuó ella- que esa pieza es fría y nunca la veo limpia, no sé, usted se da cuenta cómo la arreglo constantemente y no se acaba el polvero-. Así Bertulfo dedujo que la tendría más cerca y que también era el propósito de ella. Y que además estaría al lado del canario y lo sentiría cantar desde la madrugada.
-¡Claro que yo lo dejo en esa alcoba mientras se maneje bien! ¡Pagan tan mal los hombres!- Él empezaba a estudiarla con sus ojos mustios y penetrantes. A cualquier momento, los rostros de ambos se encontraron como a través del tiempo, entre una dicha perdida por ambos igual que en la baraja de las cartas. El hombre ignoraba que hubiera tanta soledad en el alma de ella. Luzmila durante una noche, no hizo más que hablar de tristezas, de un marido muerto muchos años atrás y de una hija que se le había largado no sabía para dónde. En los días posteriores, se quejaba él, que no hablaría de su pasado para no amargarla más ni remover sus propias heridas; que había sufrido mucho, que ahora estaba aburrido en el banco, que se fatigaba demasiado, que con ese trabajo de cajero las manos se le encalambraban y le pesaban igual que pezuñas de res y uno parece un animal raro metido dentro una jaula, que la responsabilidad es mucha, y tengo que pagar cinco centavos que se me pierdan porque me dieron menos o entregué más de la cuenta.
-¡No se preocupe, mijo, con el tiempo se irá encarrilando!-. Sin embargo, él insistió en las historias de su cansancio y miedo en el trabajo.
-Hay días que no soporto y me dan mareos y no hay quien me remplace para ir al médico, y ni siquiera puedo ir al baño y las ganas de orinar son muchas. Por momentos siento pánico, creo que ya vienen a atracarme o no falta quien venga con propuestas extrañas, y yo no soy ladrón. Al que antes estaba ahí lo metieron a la cárcel porque se dejó robar una millonada y dijeron que él se la había llevado en complicidad con un celador, y que la tenía enterrada para cuando saliera libre.
-¡Cómo, tan lindo, quiere descansar, tan débil el pobre!
-¡Pero yo aquí no tolero vagos!- gritó ella de un estallido. El no pudo decirle nada más allá de su repentina mirada del rencor que le iba a durar años.
-¡Ya me suponía que usted no es sino un sinvergüenza!
-No se preocupe que muy pronto me voy de esta casa, yo vine aquí de paso.
-¡Sí, es que yo soy una cualquiera y ahora me puede dejar tirada!-. Pero Bertulfo callaba ante la voz enfurecida de ese y los días que siguieron. Era de noche y él se iba al café de la cuadra a quitarse la amargura que lo perseguía semejante a un perro. Sentía odio y ganas de matarla. El hombre de allá lo veía llegar y lo miraba con intenciones de hablarle. Él se tomaba unas cuantas cervezas y volvía a la puerta de la casa. Luzmila lo esperaba alegando en la ventana y Bertulfo quería subir para hacerla callar.
-¡Lo que he hecho con usted ni con mi hija lo hice !Qué remordimiento!
-Fíjese que ni siquiera he querido recibir en este tiempo a nadie más para que estemos los dos solos.
-¿Vieja bruja, cuándo se va a callar? ¡Deje esa puta habladera! ¡Veremos que me largo para que no me joda más!- Él se marchaba de nuevo a la cantina y después de medianoche regresaba arañando las paredes para sostenerse. Luzmila lloraba con la almohada sobre la cara para no verlo. Estas escenas se repitieron por muchos días y semanas cuando venía borracho de un bar próximo al banco; y el canario oprimido saltaba dentro de la jaula y sus patas golpeaban con furia la base de lata cuadrada y que salía en puntas por los cuatro costados de alambre.
-¡Después de joderse uno el día entero es la única manera de seguir viviendo!
-Pero no me ha dado lo del mes y le dije que no lo pienso sostener porque en ninguna parte dan comida y dormida gratis.
-¡Mañana le traigo plata!
-Sinvergüenza, siempre es así, que mañana, que pasado mañana, que no pudo, se le olvidó, que le dé un placito, voy a hablar con su jefe para que me pague.
-No ha vuelto a traer alpiste para el canario y el animalito se va a morir.
-Mañana seguro que sí y me largo para que no me joda más. Pero se va a callar si no quiere que la mate porque esa puta habladera no la resiste nadie.
Bastó que llegara una tarde cabizbajo sin tufo de cerveza para que ella supiera que lo habían echado del trabajo. Los ojos de la mujer se encendieron en candeladas. Y Bertulfo debió llegar temblando hasta la ventana de vidrio; el canario cantaba alarmado con el estruendo de los objetos que ella lanzaba entre los berridos. Las puertas se abrían y cerraban huracanadas; las sillas y escobas se buscaban por el suelo en la convulsión de la tormenta.
-¿Vieja bruja, cuándo se va a callar? Un día de estos la voy a matar y me largo.
-Hace días usted está amenazando con matarme, pues hágalo de una vez -dijo Luzmila blandiendo un cuchillo. El calló abatido por esa imagen siniestra empuñando el arma.
-¡Ahora váyase al café a beber y a insultarme y verá!- vociferó ella sobre la espalda de él que corría escalas abajo hacia la calle. Después, él bebió tres días seguidos en el café.
-Tiene problemas, amigo -le dijo el cantinero mirándolo con ojos auscultadores. Y él sentía vergüenza de que el otro supiera su historia y que sus ojos y su cara lo estuvieran denunciando. Ella lo esperó a través de cada momento llorando y sin alejarse de la ventana. Al fin lo vio regresar arrastrándose por el suelo y agarrándose de las paredes como el que se va a hundir en el mar de la tierra, abrió la puerta y su vieja maleta rodando por las escalas fue a encontrarlo de frente. Y la ropa que la mujer no alcanzó a echar en aquel desvencijado envoltorio de cuero, caía desde el cielo hasta el abismo de la cabeza de él y le cercaba la mirada y los pasos. Entonces él no supo qué hacer y se sentó a esperar que el torrencial de trapos terminara. Era como si los trapos viejos fueran sus vísceras volando por el aire. Luego insistió en llegar hasta su cuarto para descansar. Pero ella lo detuvo esgrimiendo el cuchillo con el ímpetu de la decisión feroz. Quiso huir de inmediato. Sin embargo, no pudo y le dio la espalda a ella y se tendió en el piso con su gruesa y cansada respiración. El pájaro cantaba otra vez muy alarmado. En ese zaguán estuvo dormitando el hombre la tarde larga y desolada con los aullidos del canario que no dejaba de escuchar.
A la llegada de la noche, se puso de pie pesadamente. En la casa había silencio. Luzmila se refugió quizá en la cocina o en el oscuro cuarto del fondo. Pero él pensó en el ave y no sentía ahora sus aletazos y saltos sobre el cinc. Tanteando los secretos chirridos de las escalas, subió en su busca; se lo llevaría. No necesitaba sino llegar hasta la ventana, descolgar la jaula y salir corriendo. Temblaba porque los crujidos de la madera del piso lo iban a denunciar y esa mujer lo iba matar. Coronó aquel tortuoso camino con gran vacío en el pecho y se vio en medio del corredor desierto. La jaula estaba sin el pájaro y entonces se sintió más huérfano y abandonado que nunca. Pensó que ella había adivinado sus intenciones y lo sacó para otra jaula. Muy cansado y sin importarle que Luzmila volviera sobre él, caminó como hacia el pasado. Se marchó despacio. En el café, el cantinero lo sorprendió inclinado por el peso de la maleta y le dijo:
-Se va Bertulfo, ¿qué le pasó?
-Hacía días quería decirle que esa mujer le da fuete a los hombres que se le atraviesen. ¡La llaman la castigadora! El año pasado echó un marido a garrote...
-¡Es una fiera! -Las palabras resonaron en los oídos de él y lo llevaron hacia la calle. El mundo corría muy lejos y él comenzó a aumentar el paso como huyendo con las pocas fuerzas que le quedaban. Llevaba la esperanza de encontrar al menos un nuevo camino con el pájaro cantando. Flotaba en su mente el plumaje del canario y lo oía brincar dentro de su pecho. Escucha que el ave lo llama desde el porvenir, allá siempre lo ha esperado para irse juntos en busca de algún lugar en el mundo. A muchos kilómetros de distancia estará solo a través de los años yendo de lugar en lugar por todos los senderos del mundo. Era de noche y comenzaban las otras noches de sus viajes largos en busca de una mañana para la llegada a algún lugar.

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EL CUENTO

"El Pensilvense" No. 5 - febrero 15 de 2022


EL HUECO

Abelardo Cano

I


Nandito, necesito que por favor vayas al hospital y me reclame estas inyecciones de insulina, que ya se me acabó la existencia. (Nandito era el nieto mayor de Mamá Rosa). Mamá Rosa, son la 7:30 de la noche y usted sabe que para llegar al hospital hay que pasar por frente al cementerio y a mí me da mucho miedo. Recuerde lo que me ha dicho usted misma, que a esas horas uno no debe pasar por el frente de esos sitios, pues puede despertar a los muertos. ¿y si se dan cuenta que yo estoy por ahí y se despiertan?


Ay Nandito, si se dan cuenta es porque ya están despiertos.


Se fija, se fija mamá Rosa. Y si me pasa algo?


Deje ese miedo que no le va a pasar nada, porque yo me quedo rezando el Rosario y le pido a la Virgen que me lo cuide.


Abuelita, está haciendo mucho frío.


Mijo, coja su ruana y póngasela.


Así con todos los temores, salí de mi casa con rumbo al hospital.


II


Mamá Rosa como ya queda dicho era la abuela de Nandito y otros 2 hermanos de menor edad, que para la época de los acontecimientos tenían ocho, cinco y dos años.


Cuando Ofelia, la madre de “Nandito” se desposó, tenía 16 años y él, Abelardo estaba rondando los 20 años de edad y se desempeñaba como registrador en el municipio de “Pensilvania”, que había sido fundada por colonos que llegaron de los lados de Abejorral, Sonsón, Nariño y Medellín a lomo de mulas y caballos con instrumentos para la labranza, entre los que se contaban, la peinilla, el machete, el azadón, y otros más representativos, como el hacha, instrumento este que se convirtió en emblema de la región y sirvió para abrir los caminos en tierras que por ese entonces eran vírgenes.


Los caminos se volvieron trochas, las que en los inviernos se fueron convirtiendo en barriales y el paso de las recuas se dificultaba más y más a medida que se avanzaba y se encontraban pasos por donde escasamente pasaba un equino con su carga. Se miraba hacia el cielo y solo se divisaba el azul en la parte más alta y a lado y lado solo se veía montaña. A veces daba escalofrío pasar por estos lugares, pero no había otra alternativa. De las poblaciones del sur antioqueño, partían estas caravanas con los alimentos y también los elementos necesarios para la construcción de los primeros ranchos, la iglesia, que no podía faltar, pues a la cabeza de estos colonos normalmente iba un sacerdote católico y antes que nada se empezaba la construcción del centro parroquial.


Se iniciaba con un caserío, que con el pasar de los días recibiría más colonos y se ampliaba, no solo la población, sino también las construcciones y así el caserío se convertía en corregimiento y cuando llegara a los parámetros establecidos por la ley, en municipio.


Así nació “Pensilvania” y Nandito descendía de esos colonos que pese a la fatiga trasegaban con sus mulas los caminos que el hacha y el machete fueron forjando.


Cuando la abuela de “Nandito” llegó al terruño, y conoció a su futuro esposo, Víctor Bedoya, construyeron una casa en la calle siguiente a la plaza principal, es decir, daba por la espalda con la casa donde la familia Aristizábal tenía su negocio, una cafetería cuyo nombre era “Mi Ranchito” y quedaba en el marco de la plaza, diagonal a la iglesia.


Con los pocos ahorros que tenían llegaron a Pensilvania, “La Perla del Oriente”, -denominada así por el presidente de la república de la época, Dr. Marco Fidel Suárez, en visita que por entonces este hizo a la población-, ella desde Bolivia, él desde Abejorral, la abuela montó un Almacén de telas y otros artículos, componentes de la confección de vestidos. Además consiguieron un potrero, reses y caballos, un poco adelante del terreno que se fue convirtiendo en acueducto de la población, por su ubicación en la parte alta detrás de la iglesia. En el camino del parque al acueducto, más cercano a éste compraron un lote que daba de calle a calle donde se sembraba la caña y el pasto para los animales.


La abuela de nombre Rosa María (Mamá Rosa), era una mujer de carácter, con amplias enseñanzas religiosas y devota como la gran mayoría de las mujeres de su época. Su filiación política, como la de sus ancestros era conservadora, seguidora acérrima del gamonal de la época, el Dr. Laureano Gómez, personaje éste, que para la abuela era un santo.


Todos los días asistía a la misa de cinco de la mañana, no importaba si había lluvia o no. La distancia desde la casa a la iglesia era de cuadra y media y todas las viviendas tenían techos con alares que protegían los andenes de la lluvia y en el recorrido solo debía pasar en una sola ocasión de andén a andén. Todos los lunes, asistía a las tres de la tarde y se hacía partícipe de los actos litúrgicos, los que tenían una duración de aproximadamente 20 minutos.


III


Ofelia, la madre de Nandito, creció al pie de esta familia, junto con su hermano Fabio “Fáfaro”, disfrutando de las comodidades que les entregaba la vida, pues los negocios de mamá Rosa, marchaban viento en popa y no se carecía de necesidades. Víctor, el esposo de mamá Rosa y padre de Ofelia y Fáfaro, se desempeñaba como carpintero, labor que en la época era bien importante y reconocida y como tal se encargó de la construcción de la casa y de su propia carpintería, lugar donde se creaban los tablones para la construcción de viviendas y de sus accesorios, como las camas, los comedores, las salas, los tocadores, las mesitas de noche, juguetes: como carros de madera, carros con rodachinas para llevar cargas, etc.


En esta casa, es decir, la casa de los abuelos, fueron criados con leche acabada de ordeñar y en muchas ocasiones los nietos se tomaban la postrera en la misma teta de la vaca.


En los días domingos, después de asistir a la Eucaristía, el abuelo aprovechaba para tomarse el mejor desayuno de la semana, y obviamente toda la familia a su lado disfrutaba igual. Luego se dirigía hacia la sala, encendía su radio “Phillips” y se sentaba en su silla mecedora, que él mismo había construido, a escuchar todos los deportes que estuvieran transmitiendo: fútbol, carreras de caballos, ciclismo. Oír las noticias para estar enterado de los acontecimientos que se iban sucediendo en el país, en una época de tanta violencia política y en un pueblo con una población del 98% conservadora. Los únicos liberales ahí, eran el papá de Nandito y otros 2 o 3 copartidarios.


Pero lo que más le gustaba escuchar, eran las carreras de ciclismo, pues era la época en que éstas apenas empezaban y las carreteras por donde se corría eran completos caminos de herradura, ampliados, para que los vehículos o automotores que iban llegando al país al menos pudieran transitar. Habían etapas en que el primero en llegar, salía del sitio de partida en la madrugaba y llegaba al sitio de meta cuando empezaba a entrar la noche y al segundo le hacía una diferencia de horas, no por la distancia en kilómetros, sino por el estado de las vías.


En la época las transmisiones que se hacían para radio, no se hacían desde vehículos. El locutor se trepaba a un poste que servía de soporte a los hilos telefónicos y desde ahí se conectaba y relataba el paso de los escarabajos, como fueron llamados, por su buen comportamiento cuando de escalar se trataba, inventando el transcurrir del evento. En esa época, cuando este deporte empezaba a florecer, conseguir los patrocinios era muy complicado y aunque los periodistas narradores tenían prohibido mencionar marcas diferentes, éstos se las ingeniaban para poder cumplir con sus amigos y favorecedores


IV

Entre los grandes narradores que tuvo el deporte colombiano, está el, Tico, Carlos Arturo Rueda, a quien apodaban –el colorado- mote que se ganó por el color de su cara, y quien se convirtió en el maestro de las narraciones deportivas en nuestro país. A él siguieron hombres de la talla de Pastor Londoño, quien en sus narraciones de fútbol siempre se adelantaba a la jugada; de una voz extraordinaria y por ende incursionó en las narraciones de ciclismo y de él cuentan la siguiente anécdota que Nandito conoció en años posteriores, pues el interés por el deporte siempre lo tuvo y lo mantuvo y participando como directivo de uno de los equipos participantes, recordaba con frecuencia esta anécdota y se soñaba contándosela al abuelo mientras oían la transmisión.


Para la época, los narradores y comentaristas, también leían la publicidad de los patrocinadores. El compañero de Pastor Londoño se llamaba Alberto Díaz y era el encargado no solo de comentar, sino también de pasar comerciales.


Pastor Londoño, a pesar de no ser uno de los patrocinadores, le hacía propaganda a “Alberto VO5”.


Ante esta situación la competencia, que sí era patrocinadora, se quejó ante las directivas de la emisora y prohibieron rotundamente a Pastor seguir mencionando dicha propaganda. Pastor empezó a maquinar el modo de salir de semejante lío, pues ya había recibido prebendas.

En la etapa de Riosucio a Medellín, subiendo de la Pintada hacia la meta, narró:


-“Aquí, en la punta de la competencia, Alberto, veo uno, Alberto veo dos, Alberto veo tres, Alberto veo cuatro, Alberto veo cinco, Alberto veo cinco ciclistas que quieren llegar primeros a la meta. Sí señores son cinco. Alberto veo cinco pedalistas que suben a paso fuerte buscando las goteras de Medellín”.


V



Cuando Nandito llegó al lado del cementerio, lugar muy desolado, en medio de un diluvial aguacero, se retiró lo más que pudo de la entrada y fue a dar contra la cerca de púas. Cuando miró hacia el hospital vio dos grandes luces que se van acercando, que avanzan por la carretera hacía él y cuando cree que se han acercado demasiado, se traslado hacia el potrero tratando de salvar la cerca, pero las púas se incrustan en su ruana y tras el esfuerzo por zafarse

Y por el impulso de la fuerza sale rodando y resbalando cuesta abajo.


No sabe de cuánto fue el recorrido, pero frenó en un hueco que, cubierto por la maleza y el pasto, a simple vista no se veía. Perdió el conocimiento por el golpe recibido al caer.


No tenía ni idea del tiempo pasado en esta circunstancia, pues todo estaba muy oscuro y el pequeño espacio, no estaba inundado porque tenía un pequeño desagüe, que seguramente conducía al río Pensilvania, no le permitía buscar una salida.


Gritó pidiendo auxilio, pero nadie respondía.


Por su edad, sentía mucho miedo, veía fantasmas por todos lados, oía el aleteo de aves que no veía, se imaginaba las serpientes enrollándose en su cuerpo, los gnomos azules parecían de verdad y lo molestaban y se reían de su desgracia y Nandito, sumido en esta horrible pesadilla sin saber qué hacer.


VI


En casa Nandito, todos desesperados al ver que no regresaba, acudieron al tío “Fáfaro” quien pertenecía al cuerpo de bomberos y al ser informado del hecho, salió con algunos compañeros en la búsqueda.


Recorrieron el camino hasta el hospital y allí les informaron que el niño no había ido por esos lados. Regresaron gritando mi nombre, pero nada. Ni Nandito los escuchaba, ni ellos lo escuchaban.


Averiguaron por el camino hacia el poblado y de los pocos que vivían antes del cementerio, uno de ellos les informó que sí lo habían visto pasar.


Debieron suspender la búsqueda, pues la lluvia era inclemente.


Al amanecer, sin lluvia, la cuadrilla de búsqueda nuevamente hacia el cementerio. Allí empezaron a hacer un barrido y uno de ellos vio un pequeño pedazo de mi ruana, arrancado por una de las púas del cerco.


Al fin tenían algo. Traspasaron el cerco y empezaron a bajar, pero nada que encontraban al desaparecido. El orificio del hueco era tan pequeño que la maleza y el pasto lo tapaban, hasta que uno de ellos, más abajo, encontró el orificio del desagüe. Empezaron a tantear la tierra hasta que dieron con el pequeño orificio y Nandito al oír su nombre varias veces, gritó y gritó y gritó. Lo habían localizado.


La extracción de Nandito no fue nada fácil. Los rescatistas, con el tío a la cabeza, debieron regresar al pueblo para aprovisionarse de sogas bien largas y hacerles varios nudos para que el rescatado pudiese agarrar fuerte y sin resbalarse las manos sobre la cuerda. Además, la ascensión debía producirse con mucho cuidado, pues como ya se dijo, el orificio era muy angosto y escasamente cabía el cuerpo del pequeño. Una vez logrado el rescate llevaron a Nandito al hospital donde lo revisaron minuciosamente y afortunadamente solo encontraron magulladuras.


Al contar la historia, averiguaron sobre el par de luces y oh sorpresa, se trataba de la única berlina (automóvil) de color negro, que existía en el pueblo y que esa noche había ido a dejar a un enfermo en el hospital y al regreso se topó con la visión de dos luces, que tuvo Nandito y que eran las farolas encendidas del vehículo.

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