top of page
MUJERES DE FUEGO 450X350.png

EL LIBRO

El Pensilvense No. 15 - abril 26 de 2022

MUJERES DE FUEGO

Alonso Salazar

PRESENTACIÓN

Cuando uno termina de leer este bello libro de Alonso Salazar, le asalta una idea por lo demás inquietante; cómo es posible que en este país de violentólogos, criminólogos y expertos en ciencias políticas, donde los análisis y las interpretaciones sobre el tema, tanto en los medios académicos como en los periodísticos, retoñan como los hongos después de la lluvia, sepamos tan poco sobre lo que ha significado para los hombres y las mujeres de estos tiempos nublados convivir, confrontarse, ejercer, controlar o juzgar la violencia. Sabemos con detalle cuántos muertos ocurren cada día, la contabilidad es casi perfecta; nos informan también los lugares en donde fallecieron a manos de sus semejantes y hasta el arma que usaron para arrebatarles la vida; no faltan las categorías analíticas para pensar e interpretar la violencia en tanto que objeto de conocimiento, para escudriñar su multicausalidad y para medir sus impactos en los diversos órdenes de la vida social. Conocemos bien su estructura, las formas organizativas a través de las cuales se actúa, hemos reconstruido con detalle y preciosismo las territorialidades de los conflictos y las estadísticas de asesinados, desaparecidos, muertos en combate, torturados o secuestrados e incluso es posible conocer sobre las actividades y oficios de las víctimas, sus edades y sexos, y en ocasiones hasta su actividad política y partidista. En fin, poseemos un saber sobre la violencia colombiana, sujeto a los más prístinos dictámenes de la madre ciencia: La objetividad, la verificación, la cuantificación y la generalización entre otras, ¿pero qué sabemos de sus actores? ¿de la interpretación que les dan a sus acciones y al sentido de sus vidas? ¿qué sabemos de la manera única, particular e irrepetible como asumieron sus dramas cotidianos? ¿qué conocemos de esas existencias, que como las de otros muchos, están cruzadas por la ternura y la rudeza; por afectos intensos y odios pertinaces, por sueños de vida y muerte, por actos heroicos y por mezquindades? Para empezar a saberlo, era necesario que alguien con la sensibilidad y la agudeza de Alonso Salazar, condensara en unas cuartillas impresas esos relatos fascinantes que se van desgranando a través del hilo de los recuerdos y los sueños de mujeres del común, que nos van descubriendo en su trasegar por ámbitos muy diversos, facetas nuevas e invisibles de un país desconocido.


Imágenes caleidoscópicas plenas de verdad y fantasía que rescatan de manera simple y franca la otra historia de Colombia, esa que no está en los libros ni en las bibliotecas sino en las canteras inagotables de la memoria individual y colectiva. En esta oportunidad, Alonso Salazar incursiona en el mundo de las mujeres, rescatando "las historias de vida" de algunas, que por diversas razones, se encontraron con la violencia, el terror y la muerte; situaciones complejas y siempre dolorosas que las llevaron —a veces sin proponérselo— a asumir papeles protagónicos y a ocupar lugares estratégicos en el macrodrama de la violencia colombiana, pero que en sus ámbitos afectivos y cotidianos, en sus mundos de sueños y de nostalgias, de amores y desamores, son como cualquier mujer de su misma edad y condición social. La estructura de los relatos, sin pretensiones interpretativas o explicativas del fenómeno y realizadas con un infinito respeto por parte del autor, permiten descubrir la multidimensionalidad de la condición femenina; aquello que nos hace iguales permitiéndonos alguna identidad de género y aquello que nos diferencia e individualiza haciendo de cada una un ser único e irrepetible y por tanto necesitado de la comunicación y del discurso para contarles a los otros la verdad y la realidad de sus vidas. Los relatos presentados en forma de "historias de vida" y en lenguaje oral, que es el de las subjetividades y las vivencias, en el que se expresan las mentalidades y los sentidos comunes, dan cuenta —sin rupturas o discontinuidades— tanto de la macrohistoria nacional como de la vida diaria de mujeres corrientes a quienes estos tiempos de guerra les impusieron retos y les tendieron trampas de las cuales era difícil evadirse dada la omnipresencia de la violencia y de la intolerancia, y la debilidad de un estado cómplice que no ha logrado nunca ser real factor de orden y organización social. Por estas páginas circulan perfiles de MUJERES DE FUEGO, de distintas edades, quehaceres y condiciones sociales; las milicianas, entre niñas y adolescentes, ángeles vengadores, para quienes la justicia se convirtió en su actividad privada y su responsabilidad personal ante la inoperancia y corrupción de las autoridades, unida al acorralamiento que impusieron a sus vecindarios las bandas del crimen organizado y los pequeños delincuentes consumidores de drogas; quinceañeras que juegan con osos de peluche y se aterrorizan con los ratones pero que no tiemblan para ajusticiar a alguien que consideran dañino para su barrio y su entorno social. La soledad de las jueces de la república, investidas de la potestad de impartir justicia y confrontadas en su tarea profesional con el terror del narcotráfico, interesado en impedir por todos los medios su ejercicio, y con las inercias burocráticas y las ambivalencias de los últimos gobiernos que cambian de criterio a golpes de opinión pública o a golpes de fuerza bruta. Otra bien distinta es la percepción que de la justicia puede tener la madre de un desaparecido, que lo busca incansablemente por entre un laberinto burocrático, civil y militar, nacional e internacional, en el que todo parece volverse noche y niebla; o la de las jóvenes integrantes de bandas de distribuidores de basuco y jaladores de carros, para quienes la justicia y los encargados del orden público no son más que una mercancía devaluada y obsoleta que puede adquirirse a precios moderados en un mercado abierto y disponible; o la mirada de la mujer guerrillera que busca a través de una vida llena de sobresaltos, heroísmo y locuras iluminadas, el imperio de la justicia social y el advenimiento del reino socialista, del cual ella pudiese ser... la partera de la revolución. Vidas azarosas, peligrosas, sembradas de riesgos y de aventuras, donde la muerte acecha a la vuelta de cada esquina y el miedo se viste con todos los ropajes de la calle; mujeres guerreras, con cicatrices y marcas de muchas batallas, ganadas unas, perdidas otras pero que el final dejan más vacíos y ansiedades que satisfacciones; mujeres muy viejas y también muy sabias aunque algunas de ellas no lleguen todavía a la adolescencia y otras no superen la escuela primaria; para ellas, el tiempo se puso las botas de las siete leguas y crecieron y se maduraron prematuramente en el dolor y en la desesperanza. Mujeres que buscan sin descanso ni pausa, bien un hijo desaparecido en la bruma de una montaña cafetera, bien el dinero que lo compra todo y lo permea todo, llave liberadora de las coyundas familiares y de las limitaciones económicas, o también la dignidad perdida por una infancia de miseria e irrespeto en los inquilinatos y los barrios de invasión o quizá el sueño mesiánico de una sociedad más justa e igualitaria donde las mujeres puedan conciliar sus responsabilidades políticas y públicas con la ternura cercana del hijo y el ser amado. Los perfiles de estas mujeres retratan de cuerpo entero la Colombia de hoy; a través de sus ojos uno puede asomarse a los abismos de la intolerancia, el autoritarismo y el irrespeto pero también inclinarse reverente ante el valor, la tenacidad y la dignidad con los cuales le han hecho frente a estos tiempos difíciles. A través de estas historias plurales y diversas, con muchos rostros y muy distintos "mundos de vida", se puede adivinar a LA MUJER en singular; sus relaciones de pareja, los afectos y desafectos familiares, sus maternidades frustradas, inconclusas o realizadas pero siempre plenas de esa mezcla de amor, de culpa y de ansiedad que traen los hijos; los sueños, los imaginarios y esa dimensión mágica y mítica de la vida, expresada en "las corazonadas", las intuiciones, los sueños premonitorios y todo ese saber no racional que ancestralmente hemos tenido las mujeres para conocer las gentes y anticipar los acontecimientos; en fin, mujeres comunes y corrientes como las demás de su género. Los relatos de Alonso Salazar, permiten lecturas en múltiples direcciones; a través de ellos se pueden reconstruir los principales hitos de la historia de Colombia; la violencia de los años cincuenta tan presente en los recuerdos de Doña Fabiola Lalinde y que de alguna manera orientó sus pasos de migrante de la población cafetera de Belalcázar a la floreciente Medellín de la mitad del siglo XX. De la mano de María Eugenia Vásquez asistimos al nacimiento del M-19, a sus momentos épicos y dramáticos, destructivos y reconstructivos, a su martirologio y a las señales de muerte y vida que dejaron regadas por toda la república para llegar como en una elipse a su triunfo político de los últimos años. Érika y Sandra ilustran con sus historias de vida los estragos que produjo el narcotráfico y la delincuencia organizada, en el tejido social de las grandes ciudades y más específicamente en toda una generación de jóvenes, hombres y mujeres, deslumbrados por el dinero fácil y por la prepotencia que otorga el uso de las armas. Desde la otra cara de la moneda, el relato de las jueces permite seguir la historia de las guerras, los sometimientos a la justicia, las evasiones y las nuevas confrontaciones de los "Dones" del narcotráfico con los gobiernos de turno en la última década. Violencias entrecruzadas de muchas cabezas y largos tentáculos que lo permean todo y lo confunden todo; tiempos que se repiten, escenarios que se desplazan, actores que se transforman en su contrario o que se alían con viejos enemigos de acuerdo con las nuevas coyunturas; gobiernos que se suceden sin que nada parezca cambiar, y en medio de todo aquello, mujeres de todas las edades y clases sociales cuyas vidas hubiesen sido muy distintas de no haberse visto envueltas por la vorágine de las guerras. Además del hilo cronológico de la historia de los últimos cincuenta años, el texto soporta una lectura transversal, espacial y territorial; se puede ir de la dimensión nacional de los conflictos a la microhistoria de los vecindarios y las barriadas; del horizonte restringido de los asentamientos urbanos a las extensiones vastas y continuas de las selvas, los ríos y los bosques de niebla; del mundo campesino tradicional y seudobucólico, a la sordidez de los prostíbulos, a la desesperanza de las cárceles y a las zonas deterioradas de las ciudades, habitadas por travestis, mendigos y pequeños maleantes; de los cielos abiertos y diáfanos a las oscuridades de los lugares de reclusión y de tortura. La lectura de MUJERES DE FUEGO nos deja un sabor agridulce, muchas preguntas a flor de labios y muy pocas certezas; es el derrumbe de visiones maniqueas desde donde se puede dividir el mundo en buenos y malos; por esta vía y sin que el autor se lo propusiese, se está facilitando la comprensión de la otredad y de la alteridad, cuando descubrimos que en todas las mujeres que desfilan por las páginas de este libro, hay mucho de nosotros mismos, más de lo que pudiera pensarse y de lo que estamos dispuestos a aceptar.


María Teresa Uribe de H.

Enero de 1993

UNA Y MUCHAS GUERRAS 450 X 350 - 165 X 261.png

EL LIBRO

El Pensilvense No. 14 - abril 19 de 2022

UNA Y MUCHAS GUERRAS

Alonso Aristizábal Escobar

Una y muchas guerras es una de las más importantes novelas de la literatura caldense del Siglo XX. Fue escrita por Alonso Aristizábal Escobar y publicada por Editorial Planeta en 1985. Diversos críticos han estudiado esta obra como testimonio de la violencia partidista de los años 30 y 40 y destacan elementos como el desarrollo de un relato íntimo, a partir de una saga familiar que recrea el miedo, el desplazamiento forzado y la violencia psíquica.


El relato se ocupa de Rubelio Aristizábal, su esposa Sola, sus hijos, sus padres y su vida en Pensilvania a mediados de los años 30. Un primer valor de esta novela es recordarle al lector que antes de La Violencia desatada en 1948 con El Bogotazo ya había violencia, y mucha, entre liberales y conservadores. Pero el autor no se ocupa de los muertos sino del miedo en el que viven los vivos: zozobra porque los pueden matar y angustia por la precariedad económica que implica vivir en un pueblo en el que el gran empleador es el Estado y la Alcaldía puede cambiar de bando en cualquier momento.


En la obra de Aristizábal hay zaguanes, aguapanela, chuchas que corren sobre los zarzos, mujeres que rezan el rosario e hijos que sueñan con ser monaguillos. Hay una vida anterior a la radio, la televisión y el teléfono, en la que la prensa escrita es la que conecta la cotidianidad con el mundo que hay más allá de las montañas. Hay mulas, cafés, aguardiente, billares, gallos y peleas. Hay discursos, tedio y miedo. Mucho miedo de puertas para adentro en una época en que la filiación política y la religión marcan el destino familiar.


Hay también un contraste narrativo entre la vida en Pensilvania y la vida posterior en Bogotá, una urbe que aparece antes y después del Bogotazo. Bogotá se presenta como una ciudad hostil, dura para el inmigrante, con un clima frío y una vida más costosa y limitada que la que se tiene en los pueblos.


La prosa de Alonso Aristizábal es cuidada. En su relato aparecen sombras y espectros que evocan a Rulfo, pero también hay homenajes a otros autores clásicos, empezando por Virgilio, alter ego del autor, que evoca a Dante.



Editorial Planeta

Año de publicación 1985

pablo escobar, el patron del mal 450X350 - 300X300.png

EL LIBRO

El Pensilvense No. 13 - abril 12 de 2022

PABLO ESCOBAR, EL PATRON DEL MAL

Alonso Salazar

De Pablo Escobar, el famoso narcotraficante colombiano, hemos oído hablar miles de veces por su infinita capacidad para ejercer el mal, que llevó a organismos como la DEA a calificarlo como uno de los más grandes criminales de la historia. Sin embargo, poco se habla de sus orígenes familiares y sociales, de sus dimensiones humanas y de la manera como su personalidad fue evolucionando hasta llegar al desbordamiento. Alonso Salazar J. se sumergió en archivos y buscó testimonios inéditos de familiares y vecinos, de amigos y enemigos, para entrelazar en un intenso relato, sin maniqueísmo, versiones diversas y contradictorias que al final construyen un retrato más completo del personaje.



Así, a lo largo de esta historia, Escobar aparece a veces como un guerrero que despertó la admiración de sectores excluidos que lo consideraron un héroe, y otras, como un villano que hizo de la muerte un negocio, y luego la amplió, con el terror indiscriminado, para someter al Estado y a la sociedad. Aquí se presentan dimensiones íntimas, cuadros complejos y humanos, de un hombre que buscaba desesperadamente identidad y reconocimiento, y que amó a su esposa y a sus hijos hasta perder la vida por ellos. También encontramos una radiografía donde Escobar deja de ser un personaje brotado de la nada para convertirse en producto, por un lado, de una sociedad, como la colombiana, plagada de conflictos históricos y, por otro, del gran negocio del final del siglo XX: el tráfico de cocaína.

escritos en los muros (1).jpg

EL LIBRO

El Pensilvense No. 12 - abril 5 de 2022


ESCRITOS EN LOS MUROS

Alonso Aristizábal Escobar

No es extraño que un autor en plena madurez de su escritura literaria, eche un vistazo hacia atrás y vea con recelo sus primeros escritos. Por ejemplo, Germán Espinosa recuerda  su primer libro de poemas escrito en plena adolescencia y confiesa por qué no se siente a gusto cuando lo observa con ojo literario[1]. Así mismo las observaciones que se realizarán en torno a Alonso Aristizábal generan cierta incomodidad en la lectura de sus relatos recogidos en su libro, acaso aun inmaduro, titulado Escritos en los muros.

Los primeros años son decisivos para un escritor, ya que su entorno, su niñez y madurez corporal e intelectual generan las influencias para condensarlas e iniciar con el oficio literario. Alonso Aristizábal crea una atmósfera en su lugar de origen Pensilvania, Caldas, y en la época que le ha tocado vivir.

Los relatos en su mayoría son contados en tercera persona y hacen eco de la violencia, el conflicto político, social y económico que atrae a sus personajes como emigrantes de ningún lugar quienes buscan un bienestar individual porque no hay otra alternativa. Muchos de ellos, en la búsqueda infructuosa de trabajo, se decepcionan de sí mismos por no tener una educación y un oficio qué contar. Estas precariedades sociales las podemos encontrar en Viaje para lejos y La ilusión de Dumbar Circus.

Otros personajes simplemente son vagabundos en busca de una estabilidad por medio de una mujer, pero la avidez del licor rompe los lazos y estos individuos retornan a su lugar de origen después de socavar muchos mundos: “Él apareció brotado por la tierra al octavo sábado” (pág. 43) afirma el narrador de uno de los cuentos.  La tierra que los vio nacer intenta purificarlos bajo sus mantos, pero ellos consideran que la marcha debe continuar sin esperar nada a cambio. Este personaje regresa un sábado octavo intentando perderse en sus memorias, evitando las bifurcaciones de su destino.

En el relato que le da nombre al libro, la violencia se establece en una institución educativa. En esta, el misterio de los informantes incluye a todos en una serie de amenazas contra el rector, docentes y alumnos, cuando en un muro se escribe una ignominia y el rector empieza a discernir sobre ello: “Eso tuvieron que hacerlo anoche o esta mañana antes de llegar el personal” (Pág. 30). Más adelante se retoman los escritos como si fueran hechos con sangre del enemigo.

No obstante, si en los escritos de Alonso Aristizábal encontramos estos símbolos de la violencia y el inconformismo de su entorno social, falla su deseo de que la lectura nos sumerja en el atractivo literario. Los comienzos de la mayoría de las anécdotas son muy pomposas: “Por las mismas razones que tiene la rosa para ser bonita y admirada, Elsita Aguirre era la flor de la cuadra” (Pág. 40). Estas narraciones no parecen cuentos sino anécdotas, con un marcado romanticismo y en su devenir no hay un cierre (si es que siempre lo hay) que llene de expectativas al lector: el autor los concluye olvidando todos los indicios.

Es cierto que el lector tiene plena autonomía de leerlo como desee, pero en estos textos no se encuentra una tensión, no hay intensidad en el soporte temático, la utilización de figuras literarias es tan cargada que cansa al lector y parecen más un relleno de imágenes para describir, pero no adelantar, consecuentemente, la historia.

Escribir cuentos “…significa agarrar al lector del pescuezo y no darle respiro, no permitirle escapatoria”[2], pero con Aristizábal no encontramos que el  agarre nos asfixie, ni siquiera nos ha tomado de la garganta para tensionarnos, sino que, en cierta medida, los relatos  son bostezados en la lectura de dos páginas, o incluso desde las primeras líneas: “Marido y mujer fueron a ver a la tía María…”(Pág. 75). En este texto la tía María y su enfermedad son simplemente un dato para alargar la historia de sus personajes: la enfermedad no es un hecho decisivo.

Finalmente, este libro muestra la necesidad de reflexionar sobre lo que significa contar historias, sobre el arte de la narración y sus riesgos. Esta obra de Aristizábal parece ser fruto de impulsos juveniles o, en todo caso, de un momento en el que el escritor perfilaba su propuesta. Textos posteriores pueden o no darnos la razón.

FICHA DEL LIBRO: Aristizábal, Alonso, Escritos en los muros, Editorial Oveja Negra Ltda., 1985.

LUIS FERNANDO ABELLO.

NO HUBO FIESTA - alonso salazar.gif

EL LIBRO

El Pensilvense No. 11 - marzo 29 de 2022


NO HUBO FIESTA

Crónicas De La Revolución Y La Contrarrevolución

Alonso Salazar

Alonso Salazar es uno de los cronistas más reconocidos del país. No nacimos pa ‘semilla, La parábola de Pablo o Luis Carlos Galán, profeta en el desierto prueban su capacidad como periodista y su agudeza para abordar los temas más oscuros de la realidad nacional.


En este libro conecta la experiencia histórica con la experiencia personal. La razón y la demencia de los ejércitos irregulares, los hechos sublimes y escabrosos de los que decidieron ir a la guerra, las fuerzas que en lugar de una victoria marchan bajo la sombra de la derrota colectiva.

En trece capítulos el autor cuenta las historias de familiares y de amigos, y retratos intimistas de protagonistas de la guerra como Bateman, Pizarro, Marulanda, Iván Ríos, Carlos Castaño, entre otros.

profeta en el desierto - alonso salazar.gif

EL LIBRO

El Pensilvense No. 10 - marzo 22 de 2022


PROFETA EN EL DESIERTO

Alonso Salazar

#En 1989, Luis Carlos Galán, el hombre de intensos ojos azules,
estaba cerca de ser presidente de Colombia. Pero todos
#las autoridades, sus allegados y él mismo# sabían que cada
punto que subía en las encuestas era, al mismo tiempo, un
paso más hacia la muerte#. Así comienza esta desgarradora
crónica de un héroe trágico que sabe que su carrera política
acabará con su vida y aun así continúa luchando por la reforma
de un país en crisis.
Alonso Salazar recorre la vida de Galán y nos muestra sus
facetas de periodista, ministro, embajador, hombre de familia,
líder político y candidato presidencial. Relata los años, las semanas
y las horas previas al asesinato y destaca los principales
hechos que condujeron a que ese 18 de agosto, en la plaza
de Soacha, le dispararan al más prometedor líder del Partido
Liberal. Además profundiza en la pesquisa para encontrar a
los responsables: se pregunta si la Policía y el das estuvieron
implicados en el magnicidio, debido a las evidentes fallas de
seguridad que dejaron vulnerable al candidato; señala las deficiencias
de la investigación por parte de las entidades del gobierno,
y resalta los vínculos entre narcotraficantes, políticos
y funcionarios públicos de la época que estuvieron de alguna
forma implicados en su muerte. Casi tres décadas después del
asesinato, no podemos dejar de concluir, junto con el autor,
que la #muerte de Galán es otra novela oscura de la violencia
política en Colombia#.

UN CAMINO DE ARRIEROS 400.jpg

EL LIBRO

Un camino de arrieros Monografía del Corregimiento de Bolivia – Pensilvania Caldas,[i] es el título de un libro publicado en junio de 2018, escrito por Ramón Exeriel López Serna y Rodrigo Aristizábal Ocampo. Los autores son oriundos de dicho Corregimiento, donde ejercieron la profesión docente y participaron activamente en la vida de la comunidad. El libro es, ante todo, producto de la vivencia de los autores, de la observación directa de hechos y acontecimientos locales. Igualmente, es resultado de su compromiso con la búsqueda del bienestar de sus coterráneos a través de diferentes asociaciones y organizaciones cívicas.[ii]Además de la observación y las vivencias personales, la obra contiene información recolectada a través de la tradición oral y la consulta de documentos escritos y archivos de algunas instituciones.

En trece capítulos López y Aristizábal presentan al lector un panorama de su pueblo natal, su ubicación geográfica, el proceso histórico desde su fundación hasta el presente, las vías de comunicación, la infraestructura, la economía, el comercio, el papel de la iglesia católica, las instituciones educativas y de salud y los desafíos que enfrenta el Corregimiento en el siglo XXI. Igualmente reseñan los aportes de distintas personas al desarrollo de la localidad, en diversos campos de la actividad humana (la producción cafetera, el comercio, la educación, la música, la política, la religión, las obras sociales). Una localidad que primero se llamó El Descanso (?) luego El Guayabo (1918) y finalmente Bolivia (1942).Tradicionalmente los historiadores se interesan en los grandes acontecimientos del ámbito nacional o internacional, tratando de describirlos, identificar sus causas y consecuencias, así como también sus conexiones con otros hechos. En esa perspectiva puede hablarse de un cierto desdén por la microhistoria. Ocuparse de lo pequeño, lo local ha sido poco valorado. Esta tendencia pareció acentuarse como consecuencia del proceso de globalización, el cual – se suponía – tendría como resultado la homogeneización y daría al traste con las diferencias. Sin embargo, paralelo a la globalización hubo un despertar de las identidades locales, de lo particular, lo específico, lo diferente. Así la topofilia (de topos= lugar y philia= amor) cobró vigencia, generando un mayor interés por la microhistoria, el estudio del barrio, el pueblo, la vereda. La microhistoria ayuda a visibilizar personas, acontecimientos y lugares que son olvidados u omitidos cuando se parte de enfoques históricos más generales. La microhistoria contribuye, igualmente a la construcción de la identidad cultural de una comunidad y a estructurar la memoria de su pasado, al tiempo que aporta luces para transformar el futuro. Esta es precisamente la importancia de la obra que comentamos. Los estudios sobre Pensilvania, en su mayoría – por no decir en su totalidad -, han estado enfocados al área urbana del municipio y a los sucesos allí ocurridos. El texto de López y Aristizábal ofrece al lector el retrato de una fracción de la geografía pensilvense que por su ubicación cercana a Manzanares, ha tenido, sin duda alguna, un proceso de formación histórica y cultural diferente al de la cabecera municipal y al de otros corregimientos. Dicen los autores que desde los orígenes del poblado, sus habitantes realizaban el comercio con Manzanares. Primero a través de las recuas de mulas que salían del poblado y en el sitio llamado La Quiebra empataba con el camino que iba de Pensilvania a Manzanares cruzando el río La Miel. Posteriormente, se construyó la carretera por la misma ruta del camino inicial. De acuerdo con López y Aristizábal, “Este camino de herradura fue fundamental” debido a que “este centro urbano [Manzanares] está localizado más cerca que la cabecera municipal de Pensilvania […] Por eso con una mezcla de realidad y de broma desde ese entonces los bolivianos afirman que van a Pensilvania solo a pagar cárcel y los impuestos” (pp.51 – 52).

A lo escrito por los autores habría que agregar que entre Manzanares y Pensilvania, se presentó, a partir de 1869, un litigio por delimitación territorial, que según José Néstor Valencia, duró cerca de 25 años.[iii] La disputa, inicialmente religiosa, terminó en 1893 con un pronunciamiento de la Curia romana fijando los límites de las parroquias por el río La Miel. No obstante, Valencia advierte que, “En la parte eclesiástica seguramente desaparecieron los roces, pero en la parte civil continuaron aun con casos violentos que enardecieron los ánimos”.[iv] Cuántos fueron esos casos violentos y cuáles sus características, no lo sabemos. De lo que sí estamos seguros es que el territorio del hoy Corregimiento de Bolivia estaba dentro de la zona en litigio. ¿Cómo afectó el conflicto a sus habitantes y cuál fue su participación? Tampoco lo sabemos.[v] Una tarea que queda para investigación de los interesados en la historia de la región.

Cabe resaltar la descripción que presenta el libro de los diferentes caminos del Corregimiento. Un aporte valioso que permite reconstruir las rutas abiertas por los primeros colonos, y por quienes les siguieron en la ocupación del territorio, para comunicarse con la cabecera municipal y con otros municipios. Algunos todavía son utilizados, pero la mayoría perdieron vigencia debido a la construcción de las carreteras. Sería deseable, no solo en Bolivia sino en todo el municipio, restaurar los antiguos caminos como parte de la memoria histórica y de la identidad cultural. Este propósito es aún más loable en la actualidad cuando se busca incentivar el turismo en la región. Uno de estos caminos corresponde a la ruta Pensilvania-Honda que, en el Corregimiento de Bolivia, tuvo un lugar central en la vereda de El Higuerón. Como señalan los autores, El Higuerón fue, durante varias décadas, punto de confluencia de quienes desde diferentes puntos cardinales viajaban desde o hacia Honda y con sus productos intercambiaban su cultura y sus modos de vida.

Hay un dato sorprendente en el libro y es el que se refiere a la disminución de la población del Corregimiento: en 1980 el DANE certificó 7100 habitantes, número que para el Censo de 2005 se redujo a 3863, es decir, casi el 50% menos en 25 años. Una cifra que deja perplejo al lector. Los autores plantean varias hipótesis para explicar el hecho: la migración, la falta de empleo, la crisis cafetera, el conflicto armado (guerrilla, paramilitares), programas de vivienda en la ciudad, entre otros. No obstante, como ellos mismos reconocen, y en eso estamos de acuerdo, se requiere una investigación profunda que permita entender un proceso de tal magnitud y gravedad. Aquí sería necesario preguntar ¿qué hicieron las sucesivas administraciones municipales frente a este vertiginoso descenso poblacional?

Por último, quisiéramos referirnos al tema de la Hidroeléctrica del Edén, o, en palabras de los autores, “Desarrollo regional agrario a la inversa”. En los últimos años los caldenses y, en particular, los habitantes del oriente de Caldas hemos leído y escuchado gran cantidad de noticias y comentarios respecto del proyecto de desviación de un tramo del río La Miel para construcción de una microcentral eléctrica, que comenzó a producir energía desde 2017. Los autores cuestionan tanto al municipio como al departamento porque siguiendo el postulado maquiavélico “el fin justifica los medios”, han dado luz verde al desarrollo energético “arrasando con la agricultura, con el medio ambiente, la flora, la fauna y cometiendo otro cúmulo de tropelías” (p.132). Transcriben un documento entregado en 2014 por la comunidad de Bolivia a la Defensoría del Pueblo en Manizales en el que exponen de manera detallada los diferentes problemas (sociales, económicos, ambientales) generados por el proyecto, así como las promesas e incumplimientos de los acuerdos por parte de la empresa. López y Aristizábal lamentan la mala suerte que tuvo Bolivia al haberse iniciado allí el primer proyecto hidroeléctrico de varios que se van a construir en la zona. Y agregan que “Algunos líderes del Corregimiento continúan la lucha por todas las veredas del oriente caldense apoyando a otras comunidades para que no les vaya a suceder lo mismo”. Una voz de alerta que ojalá sea escuchada no solo por los ciudadanos sino también por las autoridades municipales a quienes corresponde velar por el bienestar de su comunidad.

Un camino de arrieros, Monografía de Bolivia – Pensilvania Caldas, es una muestra del compromiso de sus autores con su pueblo natal. Un libro que vale la pena leer para comprender un poco más la historia de Pensilvania en su periferia.

Notas

[i] López Serna, Ramón Exeriel, y Aristizábal Ocampo, Rodrigo (2018). Un camino de arrieros Monografía del Corregimiento de Bolivia – Pensilvania Cds. Manizales: Manigraf Grupo Editorial GM SAS.

[ii] Es notable el hecho de el periódico El Boliviano, una publicación bimensual que los autores del libro han mantenido en circulación durante más de 18 años, con ediciones promedio de 400 ejemplares que se distribuyen en Bolivia y entre las colonias de Bogotá, Cali y Manizales.

[iii] Citamos a Marco E. Agudelo: “El territorio comprendido entre La Miel, El Salado y su afluente el Cauce, así como la cuchilla de La Picona, en donde se haya hoy el Corregimiento de El Guayabo, pertenecían a la diócesis del Tolima. Visto el grave inconveniente de que su territorio perteneciese a dos diócesis (Antioquia y Tolima), se pidió a su Santidad el Papa que el límite civil fuese el mismo eclesiástico y la petición fue otorgada” (Citado por Quintero Z., Félix (1926) Monografía de Pensilvania, Bogotá, s.e., p. 48. Edición facsímil, 1990). Según José Néstor Valencia Zuluaga (Pensilvania o Cien Años de Fe, Manizales: Apolo, 1975) a partir de 1869 se presentó un litigio por límites entre Pensilvania (perteneciente al Estado de Antioquia y al Obispado de Medellín) y Manzanares (adscrito al Estado del Tolima y al Obispado de Bogotá). Lastimosamente no se conocen documentos referentes a Manzanares que aporten información al respecto. Según Florencio Rafael: “el archivo de Manzanares sufrió pérdidas irreparables en la guerra de los mil días y en el desastroso incendio del 18 de noviembre de 1945” (Hno. Florencio Rafael. Pensilvania Avanzada Colonizadora, Bogotá: Stella, 1966, p. 99)

[iv] Valencia Zuluaga, José Néstor, 1975, obra citada, pp. 45 – 46, negrilla añadida.

[v] En su obra ya citada, Pensilvania o Cien Años de Fe, José Néstor Valencia reseña una carta del párroco de Pensilvania, Rafael Amador Ramírez, a su obispo con fecha de 4 de junio de 1882, sobre algunos problemas en su parroquia. Luego, escribe (Valencia): “A esto habría que añadir el deseo expreso de unos vecinos que querían verse incorporados a la parroquia de Manzanares” (p. 41). Podemos preguntarnos: ¿Quienes hacían la petición, eran habitantes de la localidad más tarde llamada El Guayabo?

REVISTA el_hacha700X700.jpg

EL LIBRO

El Hacha Remembranzas de mi pueblo,[i] es el título de una reciente publicación, auspiciada por el grupo de bachilleres de 1972, del Colegio Nacional de Oriente, en Pensilvania, departamento de Caldas (Colombia). Los diferentes autores invitados a colaborar se refieren en sus escritos a hechos, acontecimientos y personajes de la historia del municipio en sus 150 años de existencia. La revista se propone conservar la memoria de lo acontecido, como fuente de conocimiento para las actuales y futuras generaciones y como elemento de la identidad pensilvense. Un esfuerzo que merece reconocimiento y gratitud.


El gestor principal de este proyecto, es José Oscar González, integrante del mencionado grupo de bachilleres. González, más conocido como Colaco,[ii] fue alcalde de su pueblo y diputado a la Asamblea departamental en Caldas. Según sus palabras, la publicación busca “rescatar la historia oral” y recopilar “…dichos, vivencias, narraciones y anécdota que se han presentado en el diario vivir”. El lector encontrará artículos de la más diversa índole, entre otros: evocaciones y recuerdos personales (la vida cotidiana en la población, la época estudiantil, los juegos infantiles…); historias de hechos que alteraron la vida local (el abaleo en 1936, el terremoto de 1962, el accidente del bus escalera en 1969, el secuestro del administrador de una finca…); documentos (el Centenario de la población,  la labor educativa de los Hermanos de La Salle, el juicio contra algunos de ellos y su salida de Pensilvania, discursos necrológicos…); descripción de lugares (San Daniel, Piamonte…); crónicas (el fútbol, el periódico La Verdad, el cementerio, los carritos de madera, las mujeres, la exposición equina…); colección de términos usados en la población, poesías, anécdotas y ocurrencias de algunos pobladores y, en fin, hasta consejos para ser un buen ciudadano. La publicación es aprovechada, igualmente, para rendir homenaje póstumo a Luis Fernando Hoyos Aristizábal, del citado grupo de bachilleres, fallecido en septiembre de 2016, un empresario muy apreciado por su compromiso con el progreso de su pueblo.

Si a la diversidad de escritores y de temas se le quisiera encontrar una característica común, habría que concluir que en todos ellos es ostensible el amor por el terruño. Amor por el terruño que, según el autor de uno de los artículos, se llama pensilvanidad, término inexistente en el diccionario,[iii] pero que expresa a cabalidad lo que significa el apego y el amor por Pensilvania, no importa si usted nació en una casa en el marco de la plaza en la cabecera municipal, o en la vereda más lejana. Amor por el terruño expresado en el himno: “A ti canta mi pecho inflamado de fervor entusiasmo y orgullo y te ofrenda cual místico arrullo las endechas de grata canción”.[iv]

La identidad alude al conjunto de rasgos y circunstancias que caracterizan a un individuo o a un grupo social. Dicho en otras palabras, es la manera como un grupo se representa a sí mismo y en relación con otros grupos. Ahora bien, en ese proceso de construcción de la imagen de sí mismo, juega un papel fundamental la memoria, el recuerdo del pasado. Somos, de alguna manera, resultado de nuestro pasado, de lo que fuimos ayer. En esta perspectiva, recopilar y divulgar en una publicación impresa las distintas versiones sobre hechos y acontecimientos que han marcado la vida de los pensilvenses constituye un aporte significativo al conocimiento de la historia y del imaginario que sobre nosotros mismos hemos construido a través del tiempo.

Profundizando un poco más en el contenido de los artículos, se observa que estos, en un número significativo, reflejan al tiempo que producen y reproducen ciertas características de identidad que definen al habitante de Pensilvania y que, de alguna manera, corresponden al estereotipo del antioqueño (“antioqueño no se vara”), es decir, un sujeto emprendedor, con gran capacidad para la improvisación, echado para adelante y que siempre sale victorioso en las distintas situaciones. Como afirma otro de los articulistas, “Toda la historia del terruño lleva implícita una epopeya que sus hijos la [sic] han desarrollado en todo su esplendor”.[v]

El análisis de la publicación muestra, en varios de los autores, un discurso que exagera las virtudes de la “raza”, minimiza los errores y vicios y termina idealizando al pensilvense. Así, por ejemplo, se hace referencia a “valerosos e inquietos hombres curtidos por el trabajo”; se alude a “nuestro espíritu progresista, herencia de esa raza bravía, la antioqueña”; se dice que “Pensilvania inspira música en todos sus rincones, veredas y corregimientos”, que “también cultivamos el humor y de qué manera”; que somos “portaestandartes de la altivez y la hidalguía, del coraje y la bravura de nuestra raza” y que “hemos sido esculpidos amorosa y rigurosamente por criaturas hechas de acero y ternura”…Existe, por tanto, un imaginario social sobre el ser pensilvense que se ha interiorizado y naturalizado como componente fundamental de la cultura local. Puede suceder, entonces, que si alguien se atreve a cuestionar esta visión, sea excluido del conglomerado social.

En las últimas décadas numerosos investigadores han  estudiado los imaginarios y representaciones sobre la antioqueñidad, no en la perspectiva de examinar si las características y virtudes atribuidas a los paisas (y por extensión a los pensilvenses) son verdaderas o falsas. Ese no es el problema. De lo que se trata, ante todo, es de identificar el contexto en el que surgen estas visiones o representaciones del ser antioqueño. En otras palabras, se busca responder al interrogante sobre cómo se fue construyendo la identidad del llamado paisa. No es este el espacio para extendernos sobre el tema. Lo que me parece importante de subrayar es la existencia de otras visiones alternativas sobre el ser paisa (y, por tanto, el ser pensilvense) y la necesidad de tenerlas en cuenta en futuras publicaciones.

Un comentario final. En el artículo inicial se lee: “Entregamos hoy la primera revista, que esperamos sean muchas más de una parte de la historia de nuestro pueblo”. Al respecto vale la pena anotar que cuando se habla de Revista se hace refeencia a una publicación periódica, esto es, que se edita cada determinado tiempo. Así mismo, las revistas tienen una numeración (a veces por volumen y por número), un ISSN[vi] y un comité editorial, encargado de establecer los criterios para los escritos y para evaluación de los mismos. Ojalá que la valiosa experiencia adquirida con este primer número sea aprovechada para planear una revista de largo aliento. Entre tanto, la invitación es a disfrutar este primer número, deseando que el empeño de sus gestores tenga continuidad.

Notas

[i] El Hacha Remembranzas de mi pueblo soy de Pensilvania. Impreso en Grafitel, 2018. Sin más datos.

[ii] Es el nombre que aparece en la Portada de la revista.

[iii] Pensilvanidad y otros escritos (Ramírez, Fernando Alonso), p. 20

[iv] Pensilvanidad y otros escritos (Ramírez, Fernando Alonso), p. 21.

[v] Pensilvania (González, José Oscar?), p. 5.

[vi] El ISSN (International Standard Serial Number), Número Internacional de Publicaciones Seriadas, es un código internacional que identifica de manera única las publicaciones seriadas (periódicos, boletines y revistas). Al obtenerlo, la publicación entra a formar parte de una base de datos mundial con sede en París. Es una excelente posibilidad para que los artículos publicados sean conocidos internacionalmente.

PAUTE EN ESTE ESPACIO

como-sombras.jpg

EL LIBRO

24 abril, 2021 Semblanzas "Como sombras"Alonso Arias GiraldoEsperando el regresoLas recuas de PensilvaniaMi puebloPensilvania


En los últimos años, Alonso Arias Giraldo (Pensilvania, 1944) ha compartido a través de las redes sociales, algunas muestras de su producción poética, dejando al lector “antojado” y con la expectativa de conocer un poco más de sus escritos. La buena noticia es que, Alonso acaba de publicar “Como Sombras”, una pequeña muestra de su versatilidad en el difícil arte de expresar los sentimientos con palabras. El libro tiene Prólogo de David Ricardo Henao. Alonso, como la mayoría de los pensilvenses, siente un arraigo profundo por su tierra natal y por eso escribe: “Cuando voy para mi pueblo se me estalla el corazón, los recuerdos se acumulan como larga procesión…” (Mi Pueblo, p. 43). Al sentirse lejos del solar familiar, da paso a la evocación: “Cómo quiero esas casas y esas calles que fueron de mi tiempo. Cómo quiero esos viejos de camándula y ruana, cómo quiero sus risas…” (Esperando el Regreso, p. 51). Y, en una reiteración de sus añoranzas: “Quien pudiera señora vivir en un pueblito viejo de esos que no se atreven siquiera a respirar, que tenga un bobo chupándose un recuerdo y una vaca dormida en plena calle real” (Pueblo Viejo p. 71).

También su lira le canta al amor: “…Casi no hubo palabras, solo besos, solo amor y solo sexo. Ella me agradeció y yo le agradecí. Así como la flor que agradece con su néctar al colibrí que la besó y se fue” (El Día Fugaz, p. 07). “Cuerpos que tiemblan cuando se tocan, besos que arden fuego en la arena, noche de estrellas, noche de risas, cómo te quiero, carne morena” (De Afán, p. 47). “Y nos vimos cerca al río y con mi boca y mis besos por su cuerpo galopé, ya no tenía su fuego, Rosabel que era tan linda, no tenía su calor. Rosabel no era la misma, estaba vendiendo amor” (Rosabel, p. 53).

Tampoco pueden faltar las referencias a los hechos de la vida cotidiana en un pueblo: “Cuando yo descansaba en el camino llegó a mi lado y se sentó tranquilo, comió mis sobras, escuchó mi historia y sin moverse se quedó dormido…” (Perro Infeliz, p. 25).  “…Y ese reloj que a todos causaba admiración, hoy es un trasto viejo de números borrados, por todos olvidado, tirado en un rincón” (El reloj I, p. 33). “… viernes por la tarde con algarabía, los niños esperan las recuas de mulas que vienen cargadas de la tierra fría…” (Las Recuas de Pensilvania, p. 55). “…Son los tres pensionaditos que en la casa al regresar se duermen como angelitos Andrés, Juan y Baltazar” (Jubilados y Pensionados, p. 21).

De igual modo, hay espacio para la intimidad: “Mientras tanto seguiré caminando hasta la muerte. Así es la vida. Y después, después de muerto, seré una sombra…” (Una Sombra, p. 05). “…Ya no veo la luz de las mañanas, siempre he sido de amores un fracaso, camino como el sol cuando en la tarde solo espera esconderse en el ocaso” (El Ocaso, p. 17). “…Tal vez, quizás mañana en el rincón más olvidado y triste tendré una placa: ‘aquí no yace nadie’” (Un Incierto Llegar, p. 41).

Es una lástima que este tipo de obras solo puedan publicarse si son financiadas por el mismo autor. Sin duda, el apoyo estatal o privado ayudaría a tener un producto acorde con los parámetros actuales sobre edición de libros y permitiría una mayor difusión de tan valioso contenido. Espero que los fragmentos publicados, a modo de ejemplo, sirvan para “antojar” a los lectores y motivarlos a adquirir el libro: en Pensilvania, con David Ricardo Henao y en Bogotá con el autor y con Guillermo Aristizábal Aristizábal. A los tres los pueden contactar a través de Facebook.

Libro - desde el cafè del parque2 - Alfonso Ramírez Gómez.jpg

EL LIBRO



"El Pensilvense" No. 5 - febrero 15 de 2022


DESDE EL CAFE DEL PARQUE

Alfonso Ramírez Gómez

El escritor Alfonso Ramírez Gómez presentó el pasado mes de abril, primero en su natal Pensilvania y luego en la Feria del Libro en Bogotá, su libro de Relatos Desde el Café del Parque, publicado por Editorial Atenea. Si bien es cierto, como afirman el prologuista y el autor, la expresión café del parque hace referencia a un sitio común a la mayoría – por no decir a todas – las poblaciones de Colombia, no es menos cierto que para el lector pensilvense, dependiendo de su edad, el café del parque puede ser Mi Ranchito, el Bar Italia, el Andaluz, o uno de los bares que funcionan en el marco de la plaza desde las últimas décadas.  Algo similar acontece con los temas de los relatos. No obstante la advertencia del autor de que los sucesos pueden tener ocurrencia en cualquier pueblo, para el lector oriundo de Pensilvania es prácticamente imposible desligar muchas de esas historias del contexto local, en unos casos porque aluden a hechos recientes y en otros, por la conmoción que provocaron en su momento y las consecuencias que de ellas se derivaron. Sin duda una de las riquezas que tienen estos relatos proviene de su fuente primaria que es la tradición oral. Se trata de narraciones que se transmiten de una generación a otra, proceso en el que sufren distintas transformaciones tales como la creación o eliminación de acciones, personajes o escenarios, atendiendo a las circunstancias en las que se cuentan. Estas narraciones, una vez que han pasado por el tamiz de la creación literaria, difícilmente permiten distinguir entre el acontecimiento y la ficción. El lector se ve entonces abocado a debatirse entre las distintas versiones que ha escuchado, a compararlas y – en ocasiones – a construir su propia versión. Así, el relato se convierte en fuente de investigación y conocimiento acerca de las costumbres, los valores y las relaciones de los seres humanos entre sí y con su entorno en un contexto específico. En síntesis, son literatura histórica porque dan cuenta de las pasiones humanas, la violencia social y política, los conflictos familiares, los amores y desamores, los anhelos y esperanzas individuales y colectivos, la ignorancia e ingenuidad de unos y la sagacidad de otros, el aprovechamiento del poder para beneficio propio y, en fin, el sentido del humor y la capacidad de reírse de su situación demostrada por los protagonistas de algunos de los relatos.
Con su obra Desde el Café del Parque Alfonso Ramírez ha tocado temas que afectan la sensibilidad de algunos paisanos, lo que en palabras de Fernando Alonso Ramírez, autor del prólogo, “no es nada sencillo” en “estas sociedades pequeñas, pacatas la mayoría de las veces y, para colmo, cerradas”. A su favor juega el haber recurrido a la ficción, poniendo al lector frente a la disyuntiva de definir si sus recuerdos son recuerdos o si, como afirma el escritor salvadoreño Horacio Castellanos, son cosas que le metieron en la cabeza de tanto repetírselas desde que era pequeño.
Desde el Café del Parque es un aporte a la memoria y la memoria, ha dicho también Castellanos, “lo que te da es un sentido de pertenencia”. Es decir, te lleva a unos escenarios y te sitúa frente a unos personajes con los que, de algún modo, compartes tu ser y tú forma de ver el mundo. Este es el logro de Alfonso con sus relatos Desde el Café del parque.
Ramírez Gómez, Alfonso (2019). Desde el Café del parque Relatos. Bogotá: Atenea, 154 pgs.

abe 343x343.jpg

EL LIBRO

YO SOY CANO
José Abelardo Cano Bedoya

Prólogo



José Abelardo Cano Sepúlveda en unión con su esposa Ofelia Bedoya de Cano, conformó la pareja que daría origen a los descendientes Cano- Bedoya; la cadena de herederos se empieza a formar con sus cinco hijos: José Abelardo, Betuel, Luis Esdúvar, Carmenza y Gloria Esperanza. Y, es precisamente el mayor José Abelardo, homónimo de su progenitor quien se da a la tarea de preparar esta publicación, gracias a su vehemente deseo de plasmar en las letras lo que se ha vivido con dificultades, con lucha, con persistencia, pero también con esperanza y amor.


José Abelardo Cano Bedoya, autor de YO SOY CANO es un reconocido declamador que se inició en este arte desde muy niño en los estrados escolares, destreza que siguió cultivando toda su vida, participando en eventos a nivel nacional e internacional en diferentes lugares y escenarios; su excelente voz y la fuerza de su entonación, modulación y armonía, sumados a su sentimiento y entrega total frente al público, lo han llevado a ser reconocido, allende las fronteras entre un gran círculo importante de declamadores y escritores latinoamericanos.


Su amor por las letras no es nuevo, ni es improvisado en esta obra que se constituye en una publicación prudente, nacida de la realidad de la Familia Cano; para prepararla y culminarla ha bebido de la fuente, del origen, es por eso que en la obra se encuentra una breve semblanza del autor en su pueblo natal, Pensilvania;  es una narración, sencilla, directa, anecdotaria, a manera de crónica, con intimidades, sin tapujos, sin alardes, que permite conocer en parte, la idiosincrasia de este llamativo pueblo enclavado entre las montañas del Oriente del Departamento de Caldas.


El autor invita a esta obra al Dr. Berardo Quintero, quien en su época fue un personaje destacado e importante en la vida de Pensilvania, él es escritor de varias anécdotas y el autor trascribe algunas de ellas, aquí, con el fin de ilustrar aún más la vida y las vivencias de su tierra.


La obra narra anécdotas de la Matrona de estos descendientes, Ofelia Bedoya de Cano, anécdotas que son pequeñas historias que se tejen entre la inocencia, la ingenuidad, la espontaneidad y hasta la imprudencia.


Hay, además, en este libro una buena cantidad de coplas que se constituyen en una antología de trovas espontáneas que apuntan al momento que se estaba viviendo, a la situación en cuestión o simplemente a las ganas de intercambiar palabras trovando de manera repentista, improvisada, entre los descendientes de José Abelardo y Ofelia. Se nota en esta publicación que para los Cano-Bedoya, las trovas se han venido instituyendo como una manera de comunicarse, de tomarse del pelo, de “mamar gallo”, de tal manera que cualquier acontecimiento es, para ellos, justificación para conversar trovando.


Es justo, pues, reconocer y felicitar al primogénito de la descendencia Cano-Bedoya, por este trabajo; el haber culminado esta obra y darla a la luz pública, es señal fidedigna de que desea que la historia no se pierda y sobre todo que los descendientes Cano-Bedoya sepan que deben continuar plasmando, en letras, la historia de la familia, porque al mismo tiempo forma parte de la historia de la humanidad.


Betuel Cano Bedoya

yosoy cano - 600x200 x300x151.jpg
el poeta desconocido caratula.jpg

EL LIBRO

EL POETA DESCONOCIDO
JOSE ABELARDO CANO SEPÚLVEDA

Después de 26 años, los poemas de EL POETA DESCONOCIDO se presentan a la luz pública, porque ese fue su deseo, y porque fue necesario que pasara ese tiempo, desde cuando se fue a ese lugar de donde no se vuelve, para que sus descendientes, nos diéramos a la tarea de hacer realidad su sueño, el cual también asumimos como propio.


Nuestro padre, escribió variados poemas; todo un legado literario, rico y bello en su lenguaje, así como profundo en su contenido; y, los organizó en diversos cuadernillos, los cuales reposan en nuestra familia. Dichos poemas fueron mecanografiados en una máquina de escribir de su época, cuando apenas estaba apareciendo la tecnología y los errores se corregían utilizando un corrector en forma de cinta que se ubicaba sobre la letra equivocada para teclear sobre ella o si fuere necesario haciendo un tachón o escribiendo a mano la forma correcta o el texto que fuere inevitable.


La gran mayoría de sus poemas se encuentran con su firma manuscrita y también con la fecha de su creación. Igualmente, se hallan poemas escritos de su puño y letra y varios enmarcados en un mapa de Colombia. En este libro, los capítulos han sido   transcritos de acuerdo con su voluntad.




Nuestro padre, en sus primeros años de vida laboral, fue funcionario de la Registraduría en Pensilvania y luego dedicó su vida a la docencia, como profesor de filosofía y muy bien recomendado profesor de español y literatura. Ejerció su magisterio en diferentes lugares de la geografía colombiana, como por ejemplo: Pensilvania, Pereira, Florencia, Cartago, Honda, La Dorada, Líbano, Málaga, Bogotá, Mitú y Villavicencio donde falleció en un accidente durante un desfile de su Institución educativa. Como buen educador que fue, murió en su ley, vigilante, al pie de sus estudiantes.


Gracias a nuestra madre y a mis hermanos, conservamos esta recopilación de su obra poética; todos hemos guardado cada uno de los poemas que han llegado a nuestras manos y es por esto que hoy presentamos y entregamos este legado.


Cuando nuestros padres eran novios, mamá le escribió el siguiente acróstico; el cual transcribimos gracias a su espléndida memoria.


ACRÓSTICO A ABELARDO CANO

Por: Ofelia Bedoya Duque.


A unque pueda no ser tu preferida            

B ueno será jugar con el amor

E ntretanto pasemos nuestras vidas

L os desengaños, la dicha y el dolor.

A mar cuán horrible es,

R eírnos del amor, no puede ser,

D ulcifica mis horas de amargura,

O felia siente el fuego del querer.


C on estas letras te diré amor mío

A pesar de mi talento escaso

N o olvides que es mi anhelo siempre

O cultar mi corazón en tu regazo.



Además de su novia, quien posteriormente fuera su   esposa, hubo varios amigos y compañeros de trabajo de “El poeta desconocido” que en ocasiones le dedicaron sus versos. A continuación, uno de ellos.



A UN AMIGO

Por: Benjamín Vidal Caicedo


A mi gran amigo Abelardo Cano



Eres el umbral

De la fortaleza…

Devenir de tristezas

Y alegrías…

Lobo de mar

Domador de oleajes

Que se levantan hasta el cielo

Divisando en panorama

Que se pierde en el infinito caminar

De tus pasos taciturnos.

Lobo de mar

Cantor del viento

Y soñador de la luna,

Hacedor de versos

Y pastor de ovejas…

Tus huesos

Y tus músculos

Giran sobre el eje

De la vida

Como fotones

Que irradian

Los días por llegar.


Esperamos que quienes tengan la oportunidad de tener, este compendio de poemas, en sus manos, lo valoren y disfruten al máximo.



José Abelardo Cano Bedoya

Noviembre de 2017


PRÓLOGO


Este libro recoge la gran mayoría de los escritos de José Abelardo Cano Sepúlveda, quien, se llamó a sí mismo El Poeta desconocido; y, dejó este legado como testimonio de los años dedicados, durante su vida, al cultivo de las letras. 


Su tarea como escritor fue una lucha enfrentada con la energía propia de quien se prepara para la batalla con el fin de salir vencedor; fue un derrame de fuerza emanada de los sentimientos más profundos, donde nace el amor; sus letras permiten concebir el ardor de su sangre entre las venas; son sentidas, sinceras y llenas de calor, ese calor que solo un ser humano repleto de emoción irradia por doquier.


Al leer sus poemas, ¡se viven! Son un canto a la vida, a la patria, a la maravillosa belleza de la naturaleza, a la esperanza, al más allá, a los valores, a las pequeñas cosas y al encanto de la mujer.  


  “El Poeta desconocido”, aun cuando suene paradójico, fue un poeta universal, que con sus versos abrió camino para sí mismo y para los demás, y muy especialmente para su descendencia, en ellos dejó   plasmado su afán por reivindicar la dignidad de la vida, de los seres humanos y de la patria.


Mi padre, escribió con naturalidad, con espontaneidad, tenía tanto dentro de su alma que su vida fue corta para expresarlo en canto y también en tinta. Sin duda, fue mucho lo que dejó pendiente porque se fue en un destello, como se va un relámpago que aparece un momento con su hermoso resplandor y no vuelve más.


Betuel Cano Bedoya

Noviembre de 2017.


MI PRIMERA SERENATA



DIBUJOS


Cuando yo era niño

Dibujaba palmeras

A la orilla del mar;

Ahora que soy ya viejo

Dibujo sólo quimeras

En mi triste soledad.


Cuando yo era joven

Dibujaba corazones

En corazones de amor;


Ahora que soy ya viejo,

Dibujo sólo dolores

Con el pincel de traición.


Cuando ya era hombre

Dibujaba esperanzas

Como última ilusión;


Ahora que estoy ya viejo,

Dibujo sólo añoranzas

En mi pobre corazón.

LIBROJ.ABECANOS - CAR773X478.png
IMG-20150803-WA0002.jpg

EL LIBRO

UNA COSA ES LA QUE PIENSA EL BURRO
Betuel Cano Bedoya

Un día cualquiera al inicio del año 2018, mi papá me dijo: “estoy escribiendo un libro”. Para mí, eso no era sorpresa, mi papá ha gastado su vida entre libros y escritorios y más allá de pensar que era un libro autobiográfico imaginé premeditadamente que podría tratarse de un libro de talleres o de educación de los muchos que ya tiene escritos y regados por todo el país y hasta por el mundo.

Tampoco fue sorpresa cuando me dijo que se trataba de su autobiografía, que estaba contando la historia de su vida acompañada de los sucesos importantes, no era sorpresa pues siempre me imaginé que mi papá iba a escribir su propia vida y muy a pesar de mi aparente torpeza eso es lo que uno hace cuando vive, escribe; el trabajo realmente es tomarse el deber de agarrar el lápiz y el papel.

Y sí; no era eso, no era de talleres, ni de educación, ni de didáctica; sin embargo, al continuar las letras me fue develando eso que es una línea filosofal pura, la fe, y cuando hablo de fe no me refiero a la fe en Dios, sino más bien a la fe filosófica.

Papá desarrolla la obra en medio de una narración sencilla, cargada de esa riqueza de lenguaje con coloquiales expresiones y con redundancias aparentes pero profundas en significado cuando se atiende al diccionario; detalles de las personas que han pasado y marcado la vida del autor; accidentes, luchas, logros, éxitos, indecisiones y debilidades se ven reflejadas en lo que es la vida, siempre una duda, un por qué; pero, magníficamente la fe y siempre la fe resalta para hacernos ver que no importa nada, lo importante es creer.

No es posible negar que la manera como trascurre esta historia tiene un orden al gusto del autor, pues de esa manera logra trasmitir el mensaje de su vida con coherencia. Sus primeros años de vida en Pensilvania, en la comarca que enmarca un paraíso de nostalgias y alegrías, su vida laboral como docente de niños y jóvenes, su vida académica como estudiante eterno y su implacable manera de ser maestro siendo ejemplo y no discurso.

Descubro en este libro una gran paradoja. La vida va ocurriendo de manera espontánea mientras nos dedicamos a forzar la voluntad de la misma. Cuanto insistir en hacer un plan con nuestras vidas si el plan no es más que una carrera material en muchos casos y carente de un sentido espiritual, y el rebote que innumerables veces le hace la vida al autor solo demuestra nuestra incapacidad de comprensión, sin embargo, el autor en medio de su narración evidencia que uno debe tener por encima de todo FE para lo que sea que quiera la vida con uno, el autor va, viene, la vida le cambia, el planea algo y vuelve y se tuerce, su deseo casi nunca se cumple pero el sigue creyendo, no en su deseo, sino en la vida, y así vuelve y juega mi recuerdo de su voz diciéndome desde pequeño: “la vida no es lo que uno quiera”, lo cual trasciende hacia la habilidad que debemos desarrollar para aprender a leer los signos de la vida y con un sentido sano de vida , sin egoísmo, aprender a cambiar lo que se desea y desear lo que la vida quiere.

Muchas de estas historias ya escuchadas desde niño, en la sala o el comedor de la casa, repetidas una y otra vez sin que nunca dejara de encontrar un detalle diferente o un nuevo aprendizaje. Otras tantas de estas anécdotas que no conocía y que lograron sorprenderme, otras con nostalgia podrán robarnos una lágrima y a la vez trasmitirnos esa felicidad que produce vivir con pasión.

El autor nos demuestra con gracia y sentido del humor que vivir es una experiencia y eso debe trasmitirse, por eso acá este libro.

Julián David Cano Sterling

1.NACEMOS SIN MANUAL DE INSTRUCCIONES


Uno aprende a vivir cuando ya ha vivido. La vida es un caminar sin manual de instrucciones y sin un mapa como guía, cada paso es un aprendizaje en medio de titubeos, sorpresas, alegrías, logros, frustraciones, novedades y dificultades.


Durante varios años, algo más de 30, la pasé enseñando a mis estudiantes la importancia de tener un proyecto de vida que enmendara la ausencia del manual de instrucciones con la idea de que uno no puede vivir de cualquier manera, sino de alguna manera preestablecida; asimismo el proyecto debía ser ético y rico en valores.


Entonces, me di a la tarea de escribir los talleres correspondientes a cada grado de bachillerato, para orientar mis clases de la mejor manera posible. A medida que iba enseñando, elaboraba los talleres, a mano, con la caligrafía que me enseñaron en la escuela, la señorita Irma Ortiz y la señora Carmen Rosa.  Fui organizando los talleres en legajadores AZ.  Al final, completé sendos volúmenes para los grados de secundaria. Tuve la precaución de aplicar en ellos, la pedagogía y la didáctica propias para los saberes humanísticos como la educación ética y los valores humanos. Y, por supuesto les iba haciendo la correspondiente prueba de validez, con mis estudiantes, en el Liceo mixto Aranjuez, con el apoyo incondicional de la rectora, Odilia López de Zapata y más adelante con el apoyo por parte de la rectora Benilda Martínez del Liceo Mixto Malabar, quien con su permanente sonrisa y sin limitaciones, me acolitó para que mi proyecto tuviera éxito.

Estando en este cometido, una de las novicias de las Hijas de San Pablo, quien había sido mi estudiante, en la Universidad Católica, me comunicó que las Hermanas de la Editorial Paulinas de Bogotá, estaban haciendo una convocatoria para recibir propuestas de cartillas de ética para el bachillerato porque este saber ya había sido incluido en el currículo como materia fundamental del bachillerato. Le agradecí mucho, su información, y me di a la tarea de organizar mi material, incipiente todavía, para enviarlo a la editorial Paulinas en Bogotá para su estudio y consideración.

En efecto, recientemente, se había aprobado por parte del gobierno de César Gaviria Trujillo, la ley 115, del 8 de febrero de 1994, Ley general de educación que estableció dentro de las áreas obligatorias y fundamentales, entre otras, la Educación ética y en valores humanos que tenía que ofrecerse de acuerdo con el currículo y el Proyecto Educativo Institucional PEI. Era, en ese entonces, ministra de educación la señora Maruja Pachón de Villamizar, hermana de Gloria, la viuda de Luis Carlos Galán. Maruja había sido secuestrada un año después de la muerte de su cuñado por los extraditables comandados por Pablo Escobar quien concibió el secuestro masivo de políticos y periodistas con el fin de presionar al presidente Gaviria para la caída del tratado de extradición; además, de otros beneficios para los narcotraficantes que se entregaran. Tiempo después de haber sido liberada fue nombrada por Gaviria, como ministra. 


Días después de haber enviado mi propuesta a las Hermanas Paulinas, un viernes cualquiera me llamaron del Almacén que tienen en Manizales y me dijeron que me esperaban mañana sábado en dicho almacén para entrevistarme con dos hermanas que habían venido de la editorial de Bogotá, para hablar conmigo. Una de ellas era la Hermana Bernarda, sencilla, humilde; cuyo rostro transmitía paz y para quien conservo mi más sentida gratitud por su acogida generosa.

El sábado, muy temprano en la mañana acudí a la cita y me estaban esperando en la librería; después de nuestro mutuo saludo, me pidieron que las acompañara a la sala de su casa que tienen detrás de la librería, se trata de una sala muy bien decorada con cuadros muy apropiados para su vida religiosa y algunas matas ornamentales que alegran el ambiente. Conversé con ellas por un lapso aproximado de dos horas.

Me preguntaron sobre mi vida, lo habido y por haber; querían saber quién era yo, cuáles eran mis antecedentes, mis creencias, mis conocimientos, mi preparación y cómo estaba conformada mi familia. Finalmente me pidieron que les explicara mi proyecto sobre los volúmenes de ética y que les mostrara evidencias de lo que tenía elaborado. Me aprobaron como persona; les gustó mi propuesta y me dijeron que quedaba aceptada para su publicación y que por lo tanto me dedicara desde ya, a ultimar los detalles de cada volumen y a hacerles los ajustes correspondientes para cumplir con los requerimientos de la editorial y para que los fuera enviando cuanto antes; me dijeron, que próximamente me estarían remitiendo los términos del contrato que firmaríamos para dejar todo lo relacionado con las regalías y los derechos de autor, aclarado y legalizado.

Efectivamente, organicé seis volúmenes de ética, así:

1° La alegría de ser una persona con dignidad.

2° La alegría de convivir; no estoy solo.

3° La alegría de crecer en familia

4° La alegría de ser un ciudadano del universo.

5° La alegría de vivir en paz

6° La alegría de vivir a plenitud.


Las hermanas me habían solicitado que les enviara, en el término de la distancia, el título de cada volumen y el de toda la colección en general para ellas empezar a diseñar las carátulas mientras les iba despachando el material de cada volumen. Entonces, les envié mi propuesta completa con el título para cada volumen y el título general correspondiente a toda la colección: “La ética, una costura”.


Un martes, tarde en la noche, me llamó la hermana directora de la editorial, para decirme que no podían aceptar ese título general para toda la colección porque el concepto de que la ética es una costura era mal interpretado y significaba, para los muchachos, que la materia no era importante; que por favor cambiara ese título; y, aun cuando le di mis buenas explicaciones en el sentido de que la ética y los valores, son como una costura que va tejiendo todas las asignaturas entre sí, al tiempo que las van permeando para que en todas se instale la ética y también los valores como componentes  imprescindibles; le ilustré con el caso del maestro que enseña a multiplicar servicio, a sumar cooperación, a restar mala voluntad y a dividir ganancias y virtudes entre todos; dicho profesor une las matemáticas con las sociales, relaciona las operaciones con el tiempo y el espacio,  une la vida del universo con la del ser humano y con todas las criaturas en el área de ciencias naturales. Para este profesor, la ética es una costura con la cual teje los saberes siendo consecuente y dándose a sí mismo; es un maestro que une los valores a todas las asignaturas. Además, agregué que la ética y los valores, son una costura que va tejiendo la vida entera.


Prevaleció el concepto que tienen los estudiantes en el sentido de que las materias de relleno son una costura; y, la ética no puede ser tratada así y mucho menos podemos dar papaya a los estudiantes para que subvaloren la formación ética; entonces, fue necesario cambiar el título, y con el tic tac del reloj en contra, envié uno nuevo que decía: “La ética, arte de vivir”. Este título gustó y fue aprobado inmediatamente. 

La colección fue publicada en 1997, y se le hizo un lanzamiento en el auditorio del Colegio San Luis de Manizales, con el apoyo incondicional de doña Rosmira Ocampo, directora de núcleo, que una vez que conoció el proyecto, creyó en él y, lo patrocinó con alma vida y corazón; para ella también mi más sentida gratitud. La colección fue distribuida en todas las ciudades de Colombia donde hay almacenes de la Editorial Paulinas y en varios países de América Latina donde las Hijas de San Pablo tienen editorial o distribuidores autorizados, incluyendo a Brasil con la versión en portugués y gracias a Dios, las cartillas fueron asumidas por muchos profesores y los talleres empezaron a ser muy útiles en la asignatura de ética y valores; esta propuesta, fue acogida con alegría y avidez, al punto que las reimpresiones no se dejaron esperar.

Para mí, fue muy halagador haber recibido el reconocimiento del Padre Alfonso Llano, jesuita de la Universidad Javeriana, un sacerdote con autoridad, autor de la columna “Un alto en el camino”, publicada en el periódico El Tiempo; vino a Manizales por esos días a dictar una conferencia sobre educación al teatro Fundadores; de negro hasta los pies vestido, elegante pero sencillo, concreto, ameno en su presentación. Tuve la oportunidad de hablar con él, le mostré mi colección, la hojeó rayando con su pulgar rápidamente las páginas, también la ojeó con atención, leyó algunos apartes, escuchó mi explicación y aproveché para pedirle el favor de que me colaborara con su publicación “El arte de vivir” que había escrito en su columna, para ponerla como prólogo en la segunda versión renovada y mejorada. Estuvo de acuerdo y me dio su autorización. A él mi permanente reconocimiento.


Insistiendo, pues, en la idea de que la vida tiene que tener sentido y si no lo tiene hay que dárselo, como dijera alguna vez Charles Chaplin, me di a la tarea de tener mi propio proyecto de vida; debido a que yo había vivido todos los años de mi existencia, hasta el momento,  según la filosofía de mis abuelos que consistía en aceptar la vida como fuera llegando, con la condición de que muchas veces iba yo, por un camino hacia determinado objetivo y de pronto la voluntad de Dios me sacaba de ahí y me llevaba por otra ruta. Pues bien; diseñé mi propio proyecto con la firme intención de respetarlo; y, sin embargo, a medida que iba viviendo, los acontecimientos de mi vida me iban sacando de mi propio proyecto. Sucedían hechos que no estaban bajo mi control, cosas que iban apareciendo o desapareciendo sin consulta previa y la vida me iba llevando por caminos que yo no había planeado, ni pensado, ni escogido. Para mejor decir los planes que hacía, no se cumplían. Pasaba con el proyecto lo mismo que sucedía con la filosofía de vida de mis abuelos. Me acordé del aforismo de John Lennon: “La vida es todo aquello que me va sucediendo mientras yo estoy ocupado haciendo otros planes” Se cumplía lo que dice la canción “Los caminos de la vida”, atribuida al acordeonero Omar Geles, cantada por Rafael Orozco, los Diablitos, Silvestre Dangón, entre otros:

  Los caminos de la vidano son como yo pensaba / como los imaginaba / 

no son como yo creíalos caminos de la vidason muy difícil de andarlos /

difícil de caminarlos / yo no encuentro la salida.


Para mejor decir, resumí todo en el refrán popular: “Una cosa es lo que piensa el burro, y otra el que lo está enjalmando”.

Antes de esta colección de ética, había escrito algunas cartillas y folletos para apoyar pedagógica y didácticamente a los profesores de religión y a los catequistas y, posteriormente publiqué otros libros encaminados a dar más aportes a la educación.

carátula burro600.jpg
Foto Hernando Alberto Henao Hoyos924.jpg

El Libro

PENSILVANIA: Historias, Cuentos; Mitos y Leyendas

Hernando Alberto Henao Hoyos.


Con Licencia verbal de su autor.

Este pretende ser un viaje por las calles, casas, riachuelos, fincas y montañas de Pensilvania, mi patria chica, pero sobre todo por momentos, anécdotas y personajes para recrearlos de la mejor forma con mis vivencias por estas tierras de Dios.


Sin vanidades, ni orgullo, los invito a vivir lo que yo experimenté de forma mágica y genial en mi pueblo. Pretendo que conozcan ys e enamoren, como yo, que nací enamorado de Pensilvania, Caldas, una población que ni los fusiles pudieron intimidar.


¡Eh ahí el valor y lo especial de esta tierra donosa y fecunda!, como dice su himno.


Hernando Alberto Henao Hoyos
Escritor


PROLOGO


Me sentí muy complacido al recibir la llamada de Hernando Alberto Henao Hoyos pqra hacer el prólogo de esta obra, que entraña raíces de la patria de nuestros amores.


He estado cerca de Hernando desde sus primeros años y conozco por referencia familiares sobre las virtudes que ha heredado de sus mayores. Familias reconocidas en nuestro pueblo, por su pujanza, sentido del humor y gallardía. Como pequeñas muestras de estas valiosas heencias tenemos: Su abuela paterna Eloísa Vélez Mejía, a pesar de perder tempranamente a su esposo, con valentía y honorabilidad estableció su pequeña empresa para levantar con decoro su numerosa familia, hazaña que no era fácil en la precaria época. Su recordado abuelo materno, Ismael Hoyos, ejemplo de caballerosidad e hidalguía, estaba en todas las juntas y movimientos que propendieran por el progreso del amado terruño.


Hernando Alberto, haciendo gala de las fortalezas recibidas de sus abuelos ha querido contribuir a mantener indeleble el gentilicio de “Pensilvenses”.


Animado por los buenos comentarios de su primer libro “QUE ROSTRO TIENE EL HEROE” primera edición agosto de 2019, editorial Magnigraf grupo editores Manizales y ayudado por sus musas, emprendió éste su segundo libro.


Los de trascendencia son relatados aquí, como la Fundación de Pensilvania, sus primeros pobladores, descripción de sus corregimientos, personajes típicos, imposibles de olvidar, paisanos destacados en el concierto nacional, la participación de empresarios oriundos de nuestro pueblo en ofertas laborales para quienes incursionaban por primera vez en distintas ciudades del país, El relato de las costumbres, anécdotas, la afición por las ferias equinas, ufanándose de tener Pensilvania buenos caballistas y montadores con muy buen desempeño en el ámbito local e internacional.


Nos recuerda momentos aciagos, como el fatídico accidente del 16 de marzo de 1969 en Manzanares, donde fallecieron diez y seis paisanos, entre ellos dos de mis hermanos, Soledad y Manuel Antonio Henao Salazar. También menciona la vil toma por parte de las Farc del corregimiento de Arboleda y varios hostigamientos a la sociedad civil en diferentes sitios y fechas, resaltando estos últimos hechos como una época oscura e invadida de temores y sufrimientos para sus pobladores.


Es admirable como Hernando nos recrea con un lenguaje sencillo y anecdótico las historias de Pensilvania, no hay faceta de nuestro pueblo que escape a su buena pluma.


Sus expresiones, amor patrio y la manera como presenta al lector las características, condiciones y vivencias de una sociedad de grandes arraigos paisas de nuestro pueblo natal, conducen necesariamente hasta el más escéptico a enamorarse de este hermoso espacio de nuestra geografía, enclavado en el oriente del departamento de Caldas.


El autor tiene la capacidad de avivar en los coterráneos, sentimientos de verdadero amor por su tierra, generar un alto sentido de pertenencia y deseos de mantener en alto los legados de los antepasados.


Una vez terminada la lectura de este libro se experimenta un anhelo profundo en infinito de hacer maletas y salir en forma inmediata rumbo a la ”PERLA DEL ORIENTE”, como la denomino el expresidente colombiano Marco Fidel Suárez, para vivir la alegría inmensa de visitar a mis paisanos, recorrer sus calles, disfrutar de su aire fresco, de sus montañas y hace4r remembranzas de la feliz infancia y juventud allí vivida.


El aporte histórico que nos deja “PENSILVANIS HISTORIAS, CUENTOS MITOS Y LEYENDAS” es un tesoro para quien desee recrear con nostalgia la tierra que le dio nacer.


Apreciados lectores: Al recopilar estas líneas, nos mueve el ferviente deseo de evocar y hacer presente en lo más profundo de su ser esta expresión oral que ha sido trazada hasta nuestros días uy busca perpetuar la memoria exquisita de un pueblo que por la pujanza de sus habitantes y el arraigo con los antepasados, saben construir y forjar valores culturales, transformándolos en símbolos y lenguaje literario con los que se pretende trascender a través del tiempo y las circunstancias


Alfonso Henao Salazar


PENSILVANIA


Este pretende ser un viaje por las calles, casas, riachuelos, fincas y montañas de Pensilvania, mi patria chica, pero sobre todo por momentos, anécdotas y personajes para recrearlos de la mejor forma con mis vivencias por estas tierras de Dios.


Sin vanidades, ni orgullo, los invito a vivir lo que yo experimenté de forma mágica y genial en mi pueblo. Pretendo que conozcan ys e enamoren, como yo, que nací enamorado de Pensilvania, Caldas, una población que ni los fusiles pudieron intimidar.


¡Eh ahí el valor y lo especial de esta tierra donosa y fecunda!, como dice su himno.


Pensilvania es un municipio enclavado en lo más alto de la cordillera central colombiana, lugar de paso, que terminó convertido en una ciudad próspera, pujante y empoderada por la fe y el carácter de sus pobladores, vamos, entonces, a este delicioso viajes que les propongo, a lomo de los verbos conjugados en todos los tiempos, y de los adjetivos, para que ustedes califiquen lo que es Pensilvania y lo que son sus gentes.


Esta tierra colgada de la montaña tiene algo mágico que nadie puede describir, sus hijos la llevamos en el corazón, pero especialmente en la mente, donde quiera que estemos y como estemos, añoramos el “pueblito”, como lo recordamos todos con cariño.


Los hijos de Pensilvania, así no hayamos vuelto, nos mantenemos actualizados, sabemos que pasa allá, estamos pendientes de cada acontecimiento den el municipio.


Todos soñamos con volver en cada evento, en cada fiesta, en cada acontecimiento… en todo queremos estar.


Amamos ese pueblo maravilloso, vivimos algo raro, un sentido de pertenencia único. Los Hijos de Pensilvania somos uno donde estemos.

………

El nacimiento de Pensilvania es una historia maravillosa, en la que participaron hombres valientes, fuertes, aventureros decididos… cruzar las selvas para llegar a la explanada era una odisea, iniciemos el viaje.

Caràtula libro Pensilvania historias, cuentos y mitos y leyendas x 467_edited.jpg
Leer más

Este libro lo puede adquirir, en:

Pensilvania: Paz y Flora

Manizales: Tienda Redentoristas en Alta Suiza

Más información: Hernando Henao, 3148893819

bottom of page